Se acerca marzo y con él el momento de decidir quién sigue al frente de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), ese organismo que supuestamente cuida que no nos roben el dinero de los impuestos. El actual titular, David Colmenares Páramo quiere reelegirse para otros ocho añotes. Pero, ¿con qué cara?
En casi una década ha presentado 367 denuncias ante la Fiscalía General de la República. De esas, solo cuatro han terminado en sentencias condenatorias firmes contra cinco personas. Hagan cuentas: un raquítico 1.09%. O sea, de cada 100 carpetas que manda, 99 se quedan en el limbo, prescriben o se archivan con honores. Ni con lupa se ve tanto esfuerzo por la impunidad.
Y no es chisme: un informe reciente de la Unidad de Evaluación y Control de la Cámara de Diputados lo dice clarito: la ASF ha debilitado la fiscalización superior. Denuncias a la baja drástica –de 30 en 2022 a tres en 2025–, retrasos garrafales en expedientes, omisiones graves que arriesgan que los delitos caduquen. Resultado: pérdida de confianza ciudadana, menos combate real a la corrupción y dudas sobre para qué rayos sirven los millones que le dan al organismo.
Colmenares defiende que ha modernizado, capacitado y auditado más, pero los números cantan otra cosa. Recuperaciones de recursos que se anuncian a bombo y platillo terminan siendo migajas comparadas con lo desviado. Mientras, el Sistema Nacional Anticorrupción lo ha denunciado por no convocar ni coordinar sesiones desde 2019. ¿Sabotaje o simple flojera institucional?
En Morena hay pleito: unos, como Alfonso Ramírez Cuéllar, dicen que reelegirlo sería perpetuar la mediocridad; otros, cercanos a Ricardo Monreal, lo respaldan. La Cámara de Diputados ya prepara la convocatoria para el 18 de febrero, y el 28 decidirán. ¿Seguir con el mismo que convierte la fiscalización en un ejercicio de papelería inútil, o buscar a alguien que de verdad muerda?
Porque, vamos, si la ASF no sirve para meter a la cárcel a los que se llevan lo nuestro, ¿para qué existe? ¿Para decorar el presupuesto con auditorías que nadie lee? Los mexicanos merecemos un auditor que fiscalice de verdad, no un adorno que deje pasar el tren de la corrupción sin pitido.






































