¡Ay, caray! La reforma electoral de Claudia Sheinbaum ya está sobre la mesa y, en lugar de unir al bloque de la 4T, lo tiene al borde del pleito de cantina. Morena presenta su joyita: adiós a los plurinominales por dedazo, recorte del 25% al financiamiento de partidos, menos lana al INE y un sistema que, según ellos, le devuelve el poder al pueblo. Pero los aliados de toda la vida, el PT y el PVEM, están que echan chispas. Dicen que no, que eso los mata de inanición política, que atenta contra su modelo de supervivencia –léase: vivir del presupuesto público sin mucho esfuerzo–.
El Verde, con su clásico olfato para oler el peligro, ya prepara contrapropuesta: bajar la edad para votar a 16, voto obligatorio, financiamiento más parejo y menos tiempos en tele para los grandes. Arturo Escobar y compañía no se van a dejar; gritan que la reforma solo beneficia a Morena y deja a los chiquitos en la lona. El PT, por su lado, avienta comunicados fieros: “¡No permitiremos regresión democrática!”, invocando los avances de 1977 y 1996 como si fueran reliquias sagradas. Alberto Anaya y sus huestes ven en esto un intento de hegemonía morenista, y no están para juegos.
Sheinbaum, con su estilo directo, les dice: “Yo presento lo que prometí al pueblo, si no la aprueban, pues no pasó; Morena decidirá si siguen de aliados en 2027”. O sea, les pone la pistola en la sien: o se alinean o se van a la chingada de la coalición. Y ahí está el chisme jugoso: ¿les llegará el precio con presiones judiciales? ¿Algún legislador del PT o Verde recibirá una visitita de la Fiscalía para “recordarle” sus pendientes? Rumores corren como reguero de pólvora en los pasillos de San Lázaro. Hay quien especula que, con tanto hueso en el clóset –escándalos pasados, financiamientos dudosos–, más de uno terminará votando a favor aunque les duela el alma.
Mientras, la oposición aplaude el desmadre interno: “¡Miren, hasta sus propios aliados los ven autoritarios!”. Pero en el fondo, todos saben que sin PT y PVEM, Morena pierde la mayoría calificada. La reforma se queda en el limbo, y la alianza, esa que firmaron con besos y abrazos para 2027 y 2030, ahora parece un matrimonio en terapia intensiva.
Al final, ¿se doblarán los aliados por miedo o por conveniencia? ¿O Morena los mandará al carajo y buscará votos sueltos? El circo apenas empieza, y el pueblo, como siempre, paga la boleta.






































