¡Vaya, vaya! Se acabó el misterio que tenía a medio México especulando desde noviembre pasado, cuando Alejandro Gertz Manero renunció a la Fiscalía General de la República (FGR) con más ruido que resultados. La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que el exfiscal será propuesto como embajador de México ante el Reino Unido, siempre y cuando los británicos den el visto bueno a sus cartas credenciales y el Senado mexicano lo ratifique en las próximas semanas. ¿Premio de consolación o patada hacia arriba? Ahí les dejo la enchilada para que la desmenucen.
Recordemos: Gertz llegó a la FGR en 2019 con bombos y platillos, prometiendo mano dura contra la corrupción. Pero su gestión quedó marcada por una ineficacia que da para escribir una telenovela. Ni una sola sentencia contra peces gordos de la política o el empresariado, según reportes de Proceso y Animal Político. En cambio, se dispararon las investigaciones internas por abuso de funciones y desvío de recursos en su propia casa. ¿Y los grandes casos anticorrupción? Pues ahí andan, acumulando polvo como el Plan de Procuración de Justicia que nunca vio la luz, o las bases de datos forenses abandonadas a su suerte.
Pero lo que más escuece es ese tufo a uso personal del puesto. El caso de Alejandra Cuevas, su excuñada, fue el escándalo del sexenio: acusada de homicidio por omisión en la muerte del hermano de Gertz, pasó meses en la cárcel hasta que la Suprema Corte la exoneró, oliendo a venganza privada con recursos públicos. O el lío con la Universidad de las Américas Puebla, donde revivió pleitos viejos de su época como rector. ¡Órale! Como si la FGR fuera un despacho particular para ajustar cuentas familiares. Críticos como Mexicanos Contra la Corrupción lo pintan claro: Gertz usó la institución para «complacer sus deseos de venganza», dejando un legado de impunidad y controversias que harían sonrojar a cualquier justiciero de cómic.
Ahora, rumbo a Londres, ¿será que allá resuelva el Brexit con su estilo? Ironías aparte, este nombramiento huele a pago por lealtades pasadas, en un gobierno que presume de transformación pero recicla figuras cuestionadas. Respetando el cargo y a la presidenta Sheinbaum, que busca fortalecer lazos con el Reino Unido –donde exportamos autos y compramos tecnología–, uno se pregunta si este cambio de silla no es solo barrer el polvo bajo la alfombra. Al final, el pueblo mexicano merece fiscales que combatan la corrupción de verdad, no embajadores con maletas llenas de pendientes judiciales. ¡Aguas, Reino Unido, que allá va un «experto» en enredos!





























