jueves, febrero 19, 2026
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Gatopardismo en la Cuarta Transformación

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Los recientes ajustes en el gobierno de la Cuarta Transformación (4T) han generado un debate intenso sobre si representan una evolución genuina o meros acomodos superficiales. Jorge G. Castañeda, en su columna en El Universal, califica estos movimientos como una manifestación de gatopardismo, esa práctica histórica en la política mexicana de simular cambios para preservar el statu quo. Según el analista, las salidas de figuras como Pablo Gómez de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), Alejandro Gertz Manero de la Fiscalía General de la República (FGR), Adán Augusto López de la coordinación de Morena en el Senado y Marx Arriaga de la Secretaría de Educación Pública (SEP) no alteran la esencia del régimen: corrupción, opacidad y continuidad ideológica con el legado de Andrés Manuel López Obrador.

Castañeda ilustra su argumento con paralelismos internacionales, como el caso venezolano, donde la sustitución de Nicolás Maduro por Delcy Rodríguez no modificó el control de actores clave como Diosdado Cabello. En México, sostiene, Sheinbaum mantiene políticas controvertidas, como los libros de texto gratuitos, que incorporan heroínas pero conservan errores y sesgos ideológicos. Critica la lealtad inquebrantable a López Obrador, que impide reformas sustanciales en áreas como el crecimiento económico o la responsabilidad institucional. Estos cambios, afirma, responden a presiones externas —como la de FinCEN en el caso de Pablo Gómez en la UIF— más que a una autocrítica interna.

Desde la perspectiva oficialista, representada por voces como la presidenta Claudia Sheinbaum, estos relevos fortalecen la transformación al eliminar resistencias internas y priorizar la unidad. Sheinbaum ha enfatizado que «nadie tiene la pureza del movimiento», reconociendo críticas válidas pero defendiendo los ajustes como necesarios para avanzar en agendas como la reforma electoral, que busca reducir plurinominales y financiamiento bajo el principio de austeridad. Sin embargo, divisiones internas han emergido: el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) critican la reducción de gastos, mientras que conflictos como el de Layda Sansores con Ricardo Monreal en Campeche o la ruptura de diputados locales con gobernadores revelan tensiones por candidaturas rumbo a 2027.

Opositores, en cambio, ven en estos episodios evidencia de un vacío de poder post-López Obrador, agravado por investigaciones en Estados Unidos contra figuras como Andrés Manuel López Beltrán (hijo del expresidente), Jesús Ramírez Cuevas y Audomaro Martínez, por presuntos nexos con el narcotráfico. Analistas como los consultados por El Universal advierten que las fisuras se intensificarán, con disputas ideológicas y por espacios de poder que podrían erosionar la cohesión de Morena. La impunidad percibida, como la de Adán Augusto López pese a acusaciones de corrupción, alimenta indignación pública, cuestionando si la 4T prioriza la lealtad sobre la rendición de cuentas.

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En síntesis, mientras Castañeda denuncia un gatopardismo que perpetúa vicios como la mentira y la incompetencia, las posturas internas defienden una depuración estratégica. Las pruebas clave vendrán en reformas pendientes, como la electoral y las elecciones judiciales de 2027. Si persisten sin modificaciones profundas, el debate podría escalar, revelando si la 4T evoluciona o se estanca en patrones históricos mexicanos.

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