sábado, febrero 14, 2026
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Fusión Explosiva: Morena, una bomba de tiempo para 2027

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El Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) atraviesa una etapa de profundas turbulencias internas, evidenciando una polarización que cuestiona su cohesión y futuro. Lo que en su génesis fue percibido como un bloque monolítico en torno a un liderazgo carismático, hoy muestra las costuras de una formación donde convergen ideologías dispares y ambiciones encontradas. Lejos de la imagen de unidad, los enfrentamientos públicos y las acusaciones mutuas sugieren que el partido podría estar operando como una bomba de tiempo, con el ciclo electoral de 2027 como su posible detonante.

La reciente publicación del libro de Julio Scherer, junto a denuncias explícitas de figuras como Jaime Bonilla contra su sucesora Marina del Pilar Ávila en Baja California, o las críticas a Rubén Rocha Moya en Sinaloa, revelan la magnitud de las pugnas internas. Estos no son incidentes aislados; las disputas entre Layda Sansores y Ricardo Monreal, o el conflicto entre Sanjuana Martínez y Jesús Ramírez Cuevas, son síntomas de una ebullición que burbujea bajo la superficie. Estas confrontaciones no solo desgastan la imagen del partido, sino que evidencian la ausencia de mecanismos internos robustos para la resolución de conflictos, o la renuencia a utilizarlos.

El principal reto de Morena radica en su composición heterogénea. La base del movimiento la integran exmilitantes de partidos tan disímiles como el PRI, PAN y PRD, aglutinados más por la figura del presidente y la promesa de una transformación, que por una ideología partidista férrea y compartida. Esta «fusión de contrarios» inevitablemente genera tensiones cuando los intereses personales o de grupo emergen, especialmente ante la escasez de candidaturas o la distribución de poder. La coexistencia de sensibilidades de derecha e izquierda en un mismo espectro político es un experimento arriesgado que, sin una disciplina férrea, puede derivar en una implosión.

La percepción ciudadana agrava este panorama. Morena se posiciona como el segundo partido con mayor rechazo entre los electores, una cifra preocupante para una fuerza política dominante y joven. Asimismo, se ubica como el segundo partido más asociado a la corrupción en encuestas recientes, un dato alarmante que choca con los principios de «no robar, no mentir, no traicionar» que enarbola. Esta dicotomía entre el discurso oficial y la percepción pública erosiona la credibilidad y la confianza, elementos fundamentales para cualquier proyecto político a largo plazo.

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Mirando hacia 2027, el proceso de selección de candidaturas será la prueba de fuego definitiva. Las designaciones no solo determinarán la dirección futura del partido, sino que también podrían agudizar las divisiones existentes, transformando las fricciones actuales en una ruptura manifiesta. La capacidad de Morena para gestionar estas contradicciones internas, salvaguardando la unidad y la responsabilidad ante la ciudadanía, definirá si este movimiento logra consolidarse como una fuerza política duradera o si, por el contrario, sucumbe a las presiones de su propia diversidad.

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