martes, enero 27, 2026
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Camionetones de la Corte: ¿Ahorro o Despilfarro?

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¡Ay, caray! En los sexenios pasados, cuando un político del PRI o del PAN se compraba una camioneta del año, el grito era unánime: “¡Privilegio! ¡Despilfarro! ¡Con el dinero del pueblo!”. Se armaba el escándalo, las redes ardían y hasta salían los memes de los “fifís” en sus camionetones blindados. Pero ahora, ¡zas!, la Suprema Corte de Justicia de la Nación decide renovar su flotilla y adquiere nueve camionetas Jeep Grand Cherokee, cada una por más de un millón de pesos (y con blindaje, fácil se van a los dos o tres millones), y de repente todo cambia de color.

Los ministros, ahora elegidos por voto popular y con el discurso de “somos del pueblo”, justifican el gasto por “seguridad institucional” y, ¡agárrense!, porque sustituyeron un contrato de renta por compra directa. Según la SCJN y hasta la presidenta Sheinbaum lo respaldó en la mañanera, esto representa un ahorro de más de mil millones de pesos a largo plazo. ¿Saben? Es como cuando uno le dice a la esposa: “Mira, amor, en vez de rentar el departamento, lo compramos… y nos ahorramos un chorro”. Claro, pero el primer pago duele en el bolsillo.

La incongruencia es de campeonato. Lo que antes era lujo excesivo y abuso de poder, hoy se transforma en “gasto responsable” y “medida de austeridad”. Los mismos que criticaban los privilegios de los “fifís” de antaño ahora defienden que los togados necesiten camionetas de lujo blindadas para proteger su integridad. ¿Y la austeridad republicana? ¿Dónde quedó el “no hay dinero para lujos”? Críticos como Ricardo Monreal ya alzaron la voz diciendo que esto contradice la filosofía de la Cuarta Transformación. Y tienen razón: el pueblo ve cómo sus impuestos financian camionetones de lujo mientras las escuelas siguen cayéndose a pedazos.

No se trata de negar la necesidad de seguridad para los ministros –el país está cabrón y las amenazas son reales–, sino de la doble vara. Si en el pasado era despilfarro, hoy es ahorro. Si antes era privilegio, ahora es prevención. El mensaje es claro: depende de quién esté en el poder. Y mientras tanto, el ciudadano de a pie sigue pagando la gasolina, literal y figurativamente.

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En fin, que los ministros anden bien protegidos, pero que expliquen con transparencia y sin rodeos. Porque si la austeridad es para todos menos para ellos, entonces el chiste se nos vuelve amargo.

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