La percepción económica de las familias mexicanas inició el año con el pie izquierdo. De acuerdo con el más reciente reporte del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y el Banco de México, el Indicador de Confianza del Consumidor (ICC) registró una caída mensual de 0.6 puntos durante enero de 2026, situándose en un nivel de 44.0 puntos. Esta disminución refleja un ánimo más cauteloso entre la población respecto al rumbo de sus finanzas y la situación general del país.
El pesimismo no fue aislado, ya que los cinco componentes que integran el indicador sufrieron retrocesos en comparación con el mes anterior. Este comportamiento sugiere que tanto la visión sobre la situación económica actual de los hogares como la expectativa a futuro han perdido terreno en el arranque del año. Si se observa la fotografía completa y se compara con el mismo periodo del año pasado, el desplome es aún más evidente, con una contracción anual de 2.7 puntos en el indicador general.
Uno de los factores que más preocupa a los analistas es la disposición de los ciudadanos para adquirir bienes de consumo duradero, como muebles, televisores o aparatos electrodomésticos. Este rubro, que mide qué tan propicio consideran los entrevistados que es el momento actual para realizar compras mayores, también mostró signos de debilidad. Esta tendencia suele ser un termómetro clave para el comercio y la inversión en el mercado interno.
El ICC se construye a partir de la Encuesta Nacional sobre Confianza del Consumidor (ENCO), la cual recoge las opiniones de habitantes en 32 ciudades representativas de todas las entidades federativas de México. En ella se promedian percepciones fundamentales: la situación económica presente y futura de los hogares, así como la del país en general bajo la misma perspectiva de 12 meses.
Este ajuste a la baja en la confianza ocurre en un contexto donde los ciudadanos evalúan constantemente el impacto de las políticas públicas y el desempeño de los mercados en sus bolsillos. Para un público interesado en la política nacional, estos datos no son solo cifras; representan el sentir del electorado y su posible reacción ante el panorama económico que dominará la agenda legislativa y gubernamental en los próximos meses.
A pesar de que el indicador se mantiene por encima de los niveles vistos en crisis anteriores, la racha negativa en todos sus componentes enciende alertas sobre un posible enfriamiento en el consumo interno. Las cifras desestacionalizadas permiten ver que la tendencia-ciclo del indicador ha mostrado una pendiente descendente, lo que obliga a poner el foco en cómo las expectativas de los mexicanos podrían influir en la estabilidad política y social del país durante el primer semestre de 2026.




































