DeVotos y otros políticos Nonsanctos: La realidad no se borra

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Qué esfuerzo el de la presidenta Claudia Sheinbaum por hacer que el desabasto de medicinas parezca un cuento de terror inventado por los de siempre. Desde el sexenio pasado se arrastra el problema y ella ha venido minimizando las quejas como si fueran puro ruido de bots o una campaña orquestada. “No hay crisis”, dice. “Hay un 97 por ciento de abasto”, repite. Y cuando aparecen los testimonios, resulta que son “demandas legítimas”… pero nada que no se pueda arreglar con una encuesta o enviando a unos cuantos de Birmex a preguntar.

Mientras tanto, en las redes la gente no para de subir videos y relatos. Pacientes con recetas incompletas, familiares que dan vueltas por farmacias vacías, enfermeras que protestan porque no hay ni lo básico. En X se ven las condiciones reales de los hospitales: pasillos saturados, insumos faltantes, citas que se van hasta noviembre. Y el gobierno responde como si todo fuera montaje. “Se subieron los de siempre”, “millones de bots”, “la oposición aprovecha”. Como si miles de mexicanos se pusieran de acuerdo para inventar que no les surten la insulina, el antihipertensivo o el antibiótico.

La ironía es de antología. Se anuncia que se van a hacer visitas sorpresa para ver la verdad… y de inmediato empiezan a circular imágenes de hospitales cambiando colchones, limpiando a toda prisa y llenando anaqueles. ¿Sorpresa o ensayo general? La gente ya no se traga el cuento. Porque la realidad no necesita bots: se siente en la piel cuando te mandan a comprar afuera lo que deberían darte gratis, o cuando te dicen que regreses en un mes porque “no hay agenda”.

Sheinbaum reconoce problemas de distribución y de proveedores, manda a Zoé Robledo a resolver y promete planes. Todo muy bien en el discurso. Pero mientras la mañanera habla de avances y de que “vamos bien”, en las redes la gente sigue contando la misma historia de siempre: recetas a medias, hospitales que parecen de otro país solo el día de la foto y un sistema que sigue cargando con los mismos huecos de hace años.

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Al final, ni el mejor discurso borra lo que se vive a diario. La realidad se impone, aunque la quieran pintar de campaña negra. Y los pacientes, los que de verdad necesitan las medicinas, no están haciendo show. Solo están sobreviviendo.

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