Vaya, vaya. Mientras los trabajadores del IMSS andan en las calles gritando por un aumento de sueldo y porque no hay ni gasas ni pastillas en los hospitales, Mariana Campos, de México Evalúa, soltó un datito que debería hacerles tragar saliva a más de uno en el Palacio Nacional.
Resulta que el gasto trimestral de los hogares en medicamentos se ha ido a las nubes. Y no es cuento: entre 2018 y 2024 casi se duplicó. Pero fíjense bien en el detalle que duele: los hogares afiliados al IMSS, esos que se supone tienen derecho a que les den las medicinas, sufrieron un incremento de casi el cien por ciento. Cien por ciento, caray. Como si les hubieran puesto un impuesto especial por enfermarse.
Desabasto e inflación, dice la directora. Dos factores que se juntaron para que la gente tenga que sacar del bolsillo lo que el sistema público no da. Y no es que sea un problema de ayer: viene arrastrándose desde hace años, de cuando se les ocurrió centralizar compras y terminar con intermediarios. La idea sonaba bonita, pero en la práctica dejó a muchos sin remedio y con la cartera más flaca.
Y mientras tanto, ¿qué hacen la presidenta Sheinbaum y sus devotos morenistas? Minimizar. Decir que se avanza, que ya casi, que hay pendientes pero se está trabajando. Como si el trabajador que se queda sin insulina o la mamá que corre a la farmacia particular porque en la clínica no hay antibióticos pudieran esperar a que termine el discurso. ¡Órale, ya basta de cuentos!
Los médicos y enfermeras no protestan por gusto. Piden personal, insumos y un salario que no los deje viendo para el cielo. Y el dato de México Evalúa les da la razón de manera contundente: el sistema está fallando tanto que hasta los que están “protegidos” terminan pagando de más. Es como tener un seguro de auto que no cubre el choque y encima te cobra la grúa.
Uno entiende que gobernar no es fácil y que los números grandes dan vértigo. Pero negar o restarle importancia a que las familias estén gastando el doble en pastillas es de un cinismo de a kilo. La salud no se arregla con buenos deseos ni con frases de campaña. Se arregla con medicinas en el anaquel y con gente que pueda trabajar sin estar pidiendo prestado para curarse.
Así que mientras sigan minimizando, la gente seguirá abriendo la cartera y los trabajadores seguirán en la calle. Y no hay discurso que tape ese agujero.



















