Cuando el Estado aprende, las políticas funcionan

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México es una economía de gran escala que convive con territorios bajo influencia criminal. Al mismo tiempo, la corrupción, la impunidad y la debilidad institucional dificultan construir una ruta de cambio. Estos desafíos apuntan hacia un mismo sustento de la democracia: un Estado que aprenda. Ese aprendizaje es más eficiente cuando hay colaboración entre Gobierno, academia, centros de pensamiento y sociedad civil. Van algunos ejemplos que monitoreamos desde México Evalúa:

La inteligencia artificial plantea una pregunta que alcanza a la democracia: ¿cómo aprovechar sus beneficios sin dejar que profundice desigualdades o debilite derechos? Algo relacionado ocurre en educación, regular el uso de dispositivos digitales en las escuelas exige reconocer que una misma regla puede proteger el aprendizaje en un contexto y ampliar brechas en otro. 

En tema de seguridad, reducir muertes violentas es fundamental, pero no basta para saber quién impone reglas en una comunidad. La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE), revela que una caída en los homicidios puede coexistir con un aumento en la extorsión, las amenazas y el fraude. 

La fortaleza de una democracia depende de su capacidad para responder con eficacia y respeto a la ley a los problemas que las personas experimentan todos los días. Esto requiere generar mejores bases de datos, escuchar a la ciudadanía, evaluar resultados y, con esa guía, corregir el rumbo. En otras palabras: aprender.

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