Devotos, elecciones y otros políticos non sanctos: La doble moral morenista

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En Chihuahua, donde gobierna la oposición, aparecen un par de agentes de la CIA en un operativo antinarco y en Morena se desgarran las vestiduras como si les hubieran robado el santo. Gritan soberanía, injerencia, traición a la patria y todo el catálogo de ofensas patrióticas. Que si la gobernadora panista, que si los gringos andan como en su casa, que si esto no se vale. El escándalo dura días, se armó un circo completo.

Ahora estalla un coche bomba en Ojocaliente, Zacatecas, estado donde manda el hermano de Ricardo Monreal. Once vehículos particulares hechos trizas, dos patrullas calcinadas, viviendas y negocios dañados, seis o siete heridos (civiles y una policía). Ocurrió en plena feria, de noche, frente a la comandancia. Y el propio Ricardo Monreal, que fue gobernador de esa tierra, sale a decir que “es normal en un momento en el que se está combatiendo frontalmente al crimen y a la delincuencia organizada”.

Normal. Como si fuera un trueno de temporada de lluvias o el ruido de los cohetes de la feria. Aquí no hay vestiduras que rasgar, no hay indignación de alto voltaje, no hay llamados a la soberanía ni a la dignidad nacional. Aquí hay normalidad. La misma normalidad que en Guanajuato o Chihuahua se convierte en tragedia nacional y complot de la derecha.

Ya se acostumbraron a medir con dos varas. Cuando el problema ocurre en territorio ajeno, es prueba de que la oposición no sirve y hay que clamar al cielo. Cuando ocurre en casa, es el precio inevitable de pelearle al crimen. Como si el crimen organizara su agenda según el color del gobierno estatal. Como si la sangre y el miedo de la gente de Ojocaliente pesaran menos que un par de pasaportes gringos en la sierra chihuahuense.

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Monreal no inventó la doble moral, pero la practica con soltura de quien ya no se inmuta. Mientras en un lado se exige explicación de cada detalle y se amenaza con comisiones investigadoras, en el otro se reparte la frase de “es normal” como si fuera un analgésico barato. La gente de Zacatecas se queda con los vidrios rotos, los autos quemados y la sensación de que su dolor es menos mediático porque el gobierno es del mismo partido.

Así se va construyendo la costumbre: lo que en un estado es escándalo, en otro es el costo de hacer lo correcto. Y mientras tanto, los coches bomba siguen sonando y las vestiduras solo se rasgan cuando conviene el show.