Devotos, elecciones y otros políticos non sanctos: Se evaporó el “no estás solo”

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Pues resulta que el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, descubrió de golpe lo que muchos ya intuían: los abrazos en la política duran lo que tarda en cambiar el viento. Durante meses escuchamos los gritos de “¡no estás solo!”, las exigencias de pruebas contundentes y la promesa de que nadie sería expulsado solo por señalamientos. Hasta se aseguró que volver a la gubernatura era decisión personal suya. Todo muy firme, muy de principios.

Y entonces regresó. Con la frente en alto, según él, y sin que existieran “mínimos elementos de prueba”. Ni siquiera consultó. Actuó por su cuenta. El resultado: un rechazo en cadena. Sheinbaum se deslindó, el partido se deslindó, los gobernadores de la misma cuadra le pidieron madurez y responsabilidad. En menos de dos días el hombre que había sido arropado con consignas se quedó más solo que un perro en día de mudanza. Pidió licencia otra vez, ahora indefinida. Como quien dice: “mejor me voy antes de que me corran”.

Ahora entra en escena Citlalli Hernández, la encargada de la estrategia electoral de Morena. Con tono mesurado, pero sin rodeos, señaló que Rocha Moya tomó una decisión unilateral que el partido no comparte, que se le investiga por los delitos de los que se le acusa y que los órganos internos —en particular la Comisión de Honestidad y Justicia— decidirán qué hacer. No descartó un procedimiento que podría terminar en expulsión. Luego precisó que ella no anunció ningún proceso formal, porque eso no le corresponde. Traducción: el mensaje ya estaba dado.

¿Pues no que no había elementos? ¿No que había que esperar pruebas? Resulta que el regreso unilateral pesó más que todos los discursos anteriores. La memoria política es corta cuando el costo empieza a subir. De un día para otro, el mismo personaje que merecía respaldo se convirtió en problema interno.

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No se trata de prejuzgar culpabilidad penal. Eso le toca a la Fiscalía. Se trata de notar el contraste: primero el escudo, después el deslinde. Primero “no estás solo”, después “ya los órganos internos verán”. Así de simple y así de revelador.

En política, como en la vida, hay abrazos que se evaporan más rápido que el alcohol en la mesa. Rocha Moya acaba de comprobarlo.