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Para entrenar a las inteligencias artificiales más avanzadas, algunas empresas tecnológicas están comprando millones de libros físicos en papel, rebanándoles el lomo con guillotinas industriales para escanearlos a gran velocidad y, de inmediato, destruyéndolos.
Parece la trama de una novela distópica de ciencia ficción, pero es una alarmante realidad. Resulta que internet se está quedando sin texto «limpio» y fresco redactado por seres humanos. La red actual está tan saturada de contenido sintético generado por la propia inteligencia artificial que, si los nuevos modelos aprenden con esa información reciclada, sufren un «colapso»: se vuelven torpes, ilógicos y repetitivos.
¿La solución que encontraron? Regresar al pasado. Buscaron refugio urgente en el papel impreso anterior a 2022, la última gran reserva de conocimiento auténtico, verificado y estructurado. Utilizando intermediarios y empresas fantasma, estas multinacionales realizan compras masivas e inesperadas en librerías de viejo e históricas, acaparando miles de ejemplares antiguos, ediciones raras y tomos descatalogados.
Cuando los cargamentos llegan a las plantas de procesamiento, una potente guillotina hidráulica destruye la encuadernación. Las páginas sueltas pasan por escáneres ópticos de alta frecuencia que las convierten en datos, mientras que los restos de papel acaban de inmediato en trituradoras para ser reciclados. Es la práctica conocida como «escaneo destructivo».
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La polémica ha estallado globalmente. Aunque los tribunales han argumentado que digitalizar libros comprados legalmente puede considerarse uso legítimo, libreros, historiadores y bibliotecarios denuncian una tragedia cultural. En su voraz carrera por dominar la tecnología, estos gigantes podrían estar reduciendo a trizas las únicas copias existentes de valiosas obras de la humanidad.
Esta inquietante paradoja nos obliga a reflexionar: en la era más avanzada de la historia, las mentes sintéticas devoran la memoria física del planeta para poder seguir evolucionando. ¿Valdrá la pena sacrificar nuestros tesoros impresos a cambio del conocimiento digital futuro?
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