En redes sociales no se habla de otra cosa que del nuevo round entre Alessandra Rojo de la Vega y Clara Brugada por las estatuas de Fidel Castro y el Che Guevara. La alcaldesa de Cuauhtémoc las quitó el año pasado del Jardín Tabacalera porque, según ella y varios vecinos, estaban puestas sin permisos y representaban a personajes que muchos llaman dictadores y asesinos. Desde entonces las piezas duermen en una bodega de la alcaldía.
Esta semana Brugada salió a decir que el gobierno de la Ciudad va a mandar hacer otras dos iguales y las pondrá en otro punto de la capital “para que no haya problemas”. En las primeras declaraciones se hablaba de recursos públicos. Después, ante la lluvia de críticas que corrió por las redes, la jefa de gobierno rectificó y afirmó que no saldrá ni un peso del erario: todo se pagará con aportaciones de grupos solidarios y activistas. Se formará un comité y ya se verá dónde las instalan.
Los comentarios en las plataformas no se hicieron esperar. Hay quienes celebran la decisión y hablan de “recuperar la memoria histórica”. Otros, la mayoría de los que se escuchan más fuerte estos días, preguntan de plano para qué. “Nadie pidió esas estatuas”, se lee una y otra vez. “Mejor que arreglen las calles”, “que compren camiones de basura”, “que tapen los baches que nos tienen rebotando”. Varios usuarios señalan que la ciudad tiene problemas más urgentes y que meterse a fabricar monumentos a figuras tan polémicas solo genera división.
Lo que más circula es la propuesta que Rojo de la Vega lanzó en un video: que le entreguen las estatuas que tiene guardadas a cambio de asfalto y camiones recolectores por el valor equivalente, para usarlos en la alcaldía. Brugada no aceptó. Según versiones que corren en redes, la jefa de gobierno incluso habló de que las piezas fueron “secuestradas” por la alcaldía. La respuesta de muchos internautas fue directa: “Pues entonces que las deje donde están y se ponga a trabajar en lo que sí le duele a la gente”.
Hay trascendidos no confirmados de que el tema se volvió personal y que Brugada no quiere ceder ni un centímetro. También se dice que la presión de grupos afines al castrismo empujó la decisión de rehacer las figuras. Lo cierto es que, según los comentarios que se repiten, la jefa de gobierno se metió en un asunto que nadie le estaba pidiendo y que termina afectando su imagen. Mientras en Cuauhtémoc siguen pidiendo bacheo y limpia, en redes se pregunta por qué gastar tiempo y esfuerzo político en estatuas que dividen más de lo que unen.
Al final, las versiones que circulan coinciden en una cosa: el problema de fondo no son dos figuras de bronce, sino la percepción de que se priorizan símbolos ideológicos por encima de las necesidades diarias de los capitalinos. Y eso, en las redes, se nota y se comenta sin filtro.









