La transición energética, la transformación tecnológica, la integración económica de Norteamérica y la sostenibilidad de las finanzas públicas son procesos que ya están redefiniendo la economía mundial. La pregunta no es si México participará en ellos, sino bajo qué condiciones.
Atraer inversión requiere energía suficiente y reglas claras. Fortalecer la recaudación exige sistemas administrativos eficaces y no nuevos gravámenes sin análisis previo. Preservar las ventajas del T-MEC demanda una estrategia que trascienda el comercio e incorpore innovación, infraestructura y Estado de derecho. Aprovechar la inteligencia artificial implica diseñar instituciones capaces de impulsar sus beneficios mientras se contienen sus riesgos.
Las políticas públicas producen mejores resultados cuando fortalecen capacidades permanentes: instituciones confiables, regulación de calidad, certidumbre jurídica y gobiernos capaces de aprender y adaptarse. En un entorno internacional cada vez más competitivo, se debe mirar más allá de las coyunturas políticas y los dogmas que las sustentan. La mayor ventaja de un país no debe residir en sus recursos o su ubicación geográfica, sino en la fortaleza de sus instituciones. La calidad de las instituciones permite aprovechar las oportunidades del cambio; no los dogmas ni las inercias del poder.









