El tema del examen de admisión a la UNAM no para de crecer en redes y lejos de enfriarse, cada día suma más versiones, comentarios y sospechas que la universidad no ha logrado callar. Lo que empezó como el primer intento de aplicar la prueba completamente en línea terminó en un escándalo de posibles trampas masivas, puntuaciones anormalmente altas y ahora preguntas incómodas sobre cómo se contrató a la empresa responsable.
En las redes circula con fuerza la versión de que la salida de Patricia Dávila como secretaria general no fue solo una renuncia limpia. Usuarios y algunos comentarios de medios apuntan a que su salida tiene que ver con la forma en que se contrató a Territorium Life, la compañía encargada de la plataforma. Se habla de una asignación directa, sin licitación abierta, por un monto que según reportes rondó entre 40 y más de 100 millones de pesos. La universidad argumentó experiencia y capacidad técnica, pero en redes no faltan quienes recuerdan que esa misma empresa ya había tenido fallos en plataformas digitales en otros procesos.
“Le dieron el contrato a dedo y ahora resulta que la plataforma se les quedó corta”, escriben varios usuarios. Otros van más lejos y suponen que hubo presión interna para elegir a esa compañía sin pasar por un concurso abierto. Nada de esto ha sido confirmado de manera oficial por la UNAM como la causa directa del cese de Dávila, pero el rumor se mantiene vivo porque la institución no ha dado una explicación detallada ni ha cerrado el tema con una estrategia clara de respuestas.
Mientras tanto, la universidad anunció un examen de control presencial para los aspirantes que obtuvieron altos puntajes o quedaron en la orilla. En redes la medida genera más dudas que alivio. Hay quien dice que es un castigo para los que sí estudiaron y no hicieron trampa. Otros preguntan por qué no se investiga a fondo el contrato y las vulnerabilidades de la plataforma que, según versiones no confirmadas, permitieron el uso de inteligencia artificial, celulares y hasta ayuda externa.
Lo cierto es que la UNAM sigue sin lograr apagar el fuego. Cada nuevo reportaje de medios sobre los antecedentes de la empresa, los montos y la forma de contratación alimenta más comentarios. La sensación que prevalece en el espacio digital es que la máxima casa de estudios se quedó corta en transparencia y que las respuestas oficiales no alcanzan a cubrir todas las preguntas que siguen saliendo.
Por ahora, el tema sigue abierto, las versiones corren y la confianza de miles de aspirantes y sus familias está en juego.











