Las verdaderas fronteras de la soberanía son militares, porque las geopolíticas aparecen un poco chicludas. Por eso fue necesario el discurso del general Ricardo Trevilla Trejo, secretario de la Defensa nacional, al recordar la derrota del ejército francés invasor en 1862: la independencia territorial de una nación predijo la existencia de ejércitos para resistir acosos imperiales.
Puebla en 1862 se convirtió en la corrección histórica del error de Chapultepec 1847. En la guerra con Estados Unidos, México estaba dividido internamente y el caudillo Antonio López de Santa Anna se redujo al símbolo de la antipatria. Pero hay que recordar que Mariano Otero en su gran ensayo sobre la guerra con Estados Unidos se quejó de que los mexicanos no se defendieron del avance invasor hasta el Castillo de Chapultepec, derrotaron la defensa heroica de los niños cadetes y le quitaron a México la mitad de su territorio.
No hay que olvidar hoy, ante el acoso estadounidense, la referencia de Otero sobre el año de 1847 y la invasión que no encontró resistencia mexicana: “el hecho de que un Ejército extranjero de 10 o 12 mil hombres haya penetrado desde Veracruz hasta la capital de la República y que, con excepción del bombardeo de aquel puerto, la acción de Cerro Gordo y los pequeños encuentros que tuvo con las tropas mexicanas en las inmediaciones mismas de la capital, puede decirse que no ha hallado enemigos con quien combatir en su largo tránsito al atravesar tres de las más importantes y poblados estados de la Federación mexicana con más de dos millones de habitantes; es un acontecimiento de tal naturaleza que no puede menos que dar lugar a las más serias reflexiones”.
Y hoy que se invoca la acción popular ante las amenazas de invasión de Estados Unidos para arrestar a presuntos narcopolíticos, debe quedar como hierro marcado en la piel del nacionalismo mexicano el señalamiento brutal de Otero: “no es extraño el que, como ya hemos visto en algunos periódicos extranjeros, se califica al pueblo mexicano como un pueblo afeminado y como una raza degenerada que no ha sabido gobernarse ni defender”. Por eso le quitaron a México la mitad de su territorio.
Otro escenario fue tres lustros después cuando tropas francesas quisieron consolidar el reinado de un emperador traído de Miramar porque los mexicanos decían que no se podía gobernar a sí mismos. Bajo el liderazgo del presidente Benito Juárez, un político obstinado con la defensa de la soberanía, en medio de errores de percepción en medio de la guerra y con un poder ejecutivo interinamente, tropas mexicanas derrotaron al invasor francés, y eso que se trataba de un Ejército de fama napoleónica.
En este contexto y ante el acoso hoy de Estados Unidos al amenazar con una invasión militar sólo para arrestar –en la primera ofensiva– a una decena de políticos mexicanos presuntamente colaboradores al servicio del Cártel de Sinaloa, el general secretario Trevilla Trejo necesitó un discurso de oportunidad para mandar un mensaje muy directo a donde se tenía que enviar: el muro militar defenderá la independencia, la soberanía y el Estado mexicano.
No fue gratuito el discurso del general secretario Trevilla Trejo y su recordatorio de que la construcción del nacionalismo mexicano transitó de la guerra con Estados Unidos en 1847 hasta la Segunda Guerra Mundial y de ahí, en ese movimiento de reconstrucción y revalidación de valores nacionales de independencia y patria, se configuró la esencia del nacionalismo mexicano.
Al Ejército Mexicano le ha tocado la tarea de encarnar la soberanía, la independencia y la territorialidad frente –sobre todo– al poderío militar estadounidense que históricamente ha tratado de avasallar las gestiones nacionales de los presidentes en los últimos 75 años. Ahora mismo, las Fuerzas Armadas mexicanas son el dique institucional para regular y en caso necesario contener las intenciones de la seguridad nacional de Estados Unidos en temas básicos que determinan los perfiles de la soberanía: la geopolítica, la seguridad nacional territorial y el narcotráfico, con la circunstancia de que las Fuerzas Armadas mexicanas son la garantía nacional de la soberanía en temas de seguridad.
El discurso del general secretario Trevilla Trejo debe tener una lectura estratégica, sobre todo por los mensajes abusivos el presidente Trump. En este contexto, el mensaje del general secretario fue muy claro: las Fuerzas Armadas mexicanas son el rompeolas militar a cualquier intento no legal de invasión de fuerzas de seguridad extranjeras.
A ese grado ha llevado el presidente Trump a México, pero también las circunstancias de tensión geopolítica, de seguridad nacional y de colapso fronterizo obligan al gobierno mexicano a hacer más intensa su lucha no solo contra la delincuencia del narcotráfico, sino contra la complicidad institucional con los cárteles del crimen organizado, cuyas pistas aparecen de manera vergonzosa en expedientes como el de Rubén Rocha Moya.
Política para dummies: la soberanía política de las naciones depende del muro militar nacionalista.
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