Movimiento Ciudadano (MC) presentó la semana pasada la renovación de su Consejo Consultivo, un órgano de 34 expertos que definirá su agenda rumbo a 2027. Entre las incorporaciones destaca Aurelio Nuño Mayer, exsecretario de Educación durante el gobierno de Enrique Peña Nieto y figura emblemática del viejo PRI. El anuncio, ocurrido el 17 de marzo de 2026, ha detonado una ola de cuestionamientos que revela una contradicción profunda en la narrativa del partido naranja.
MC ha repetido hasta el cansancio, a través de sus principales dirigentes, que “con el PRI ni a la esquina”. Tanto Dante Delgado, fundador del partido, como el excandidato presidencial Jorge Álvarez Máynez, provienen precisamente de las filas priistas. Sin embargo, el partido se ha negado sistemáticamente a cualquier alianza electoral con el tricolor, replicando el discurso de Morena contra lo que llama “PRIAN”. Ahora, en cambio, abre sus puertas a expriistas de alto perfil como Nuño, quien además mantiene diferencias públicas con la actual dirigencia del PRI.
Esta doble vara genera indignación legítima entre observadores y militantes de diversos sectores. Por un lado, voceros de MC defienden la decisión como un acto de apertura y responsabilidad: argumentan que el partido busca talento y experiencia independiente de etiquetas partidistas, priorizando ideas sobre lealtades antiguas. Afirman que Nuño aporta visión en educación y política pública, sin comprometer la autonomía de MC frente al PRI como institución.
Por el otro, críticos de dentro y fuera del partido ven aquí una hipocresía flagrante que erosiona la credibilidad del proyecto. ¿Cómo puede MC repudiar al PRI en público y, al mismo tiempo, incorporar a quienes lo representaron en los momentos más cuestionados de su historia reciente? Analistas señalan que esta práctica no es nueva: el partido ha reclutado perfiles priistas en varias entidades, pero rechaza cualquier pacto formal. La indignación surge precisamente de esta percepción de oportunismo: se usan las redes y el discurso “ciudadano” para atraer votos, mientras se reciclan cuadros del sistema que tanto critican.
La responsabilidad de los dirigentes de MC está en el centro del debate. Mantener una línea coherente ante la ciudadanía exige claridad: o se rechaza el pasado priista por completo o se asume que la puerta está abierta para todos los expriistas. La incorporación de Nuño obliga a preguntarse si el partido realmente representa una alternativa fresca o simplemente una opción más cómoda para quienes huyen del PRI sin romper del todo con él.
Sectores independientes advierten que esta contradicción podría costarle caro en 2027. Los votantes que buscan coherencia ven en este movimiento una traición a la promesa de “nueva política”. Otros, más pragmáticos, celebran la llegada de experiencia técnica. Lo cierto es que el caso Nuño ha puesto en evidencia las grietas internas del partido naranja y ha encendido un debate que difícilmente se apagará en los próximos meses.






































