lunes, marzo 16, 2026
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Sheinbaum y la ruleta de los sustos

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¡Órale, ya ni modo! La presidenta Claudia Sheinbaum se ha convertido en la reina de los encuentros inesperados. Primero, en noviembre del año pasado, un cuate pasado de copas en el Centro Histórico de la CDMX se le acercó por detrás, intentó abrazarla y plantarle un beso en el cuello como si fuera su vieja del barrio. Ella denunció el acoso, el tipo acabó detenido y punto. No fue la primera vez que le pasa algo así, según contó después.

Después vinieron los reclamos en giras por varios estados: en Guanajuato, Jalisco y quién sabe dónde más, la gente le grita de todo, desde exigencias de seguridad hasta puras broncas locales. La neta, es normal en un país tan caliente como este, pero cada vez se ve más cerca.

Y lo más reciente, este sábado en Ixtlán del Río, Nayarit: mientras saludaba a la banda y se tomaba fotos junto a la valla, alguien le picó el ojo izquierdo con un folder o un celular. “Solo me picaron el ojo”, dijo ella, restándole importancia, con el ojo rojo y lagrimoso, pero siguió como si nada con su agenda. Valiente, sí, pero ¿hasta cuándo?

Mira, nadie duda de su cercanía con el pueblo, esa cosa de bajar a ras de tierra que tanto le gusta. Pero caray, ya van varios sustos seguidos. Un acosador ebrio, reclamos sin filtro, un piquete que pudo ser peor… ¿No será hora de que su equipo de seguridad deje de jugársela y revise el protocolo? No se trata de encerrarla en una burbuja, sino de no exponerla en eventos con tanta gente sin una supervisión más estricta. Porque sí, la gente quiere verla de cerca, pero también quiere que llegue viva y sana a los seis años.

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¿Necesitamos que pase algo más serio para poner orden? Sería bien pendejo esperar a que la ruleta rusa de los incidentes salga mal. La presidenta merece protección a la altura del cargo, sin dejar de ser esa mujer que camina entre la gente. Pero la seguridad no es opcional, es obligación. Que no se nos vaya en un descuido, ¿eh?

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