La encuesta nacional de Buendía y Asociados, difundida este 23 de febrero de 2026 por El Universal, revela un retroceso marcado de Morena en la intención de voto rumbo a las elecciones intermedias de 2027. El partido gobernante pasó de 46 % en febrero de 2025 a 34 % en febrero de 2026, una pérdida neta de 12 puntos porcentuales en doce meses. Aunque conserva el primer lugar, la caída es la más pronunciada registrada desde el inicio del gobierno de Claudia Sheinbaum.
El mismo estudio muestra avances del Partido Acción Nacional y de Movimiento Ciudadano, que capitalizan parte del voto desencantado. El PRI, por su parte, sigue al fondo en imagen favorable, pero Morena ya no escapa al desgaste: su calificación también registra descensos en varios indicadores de percepción ciudadana.
Desde las filas de Morena, el resultado se explica como una fluctuación natural en un gobierno que enfrenta resistencias estructurales y ataques sistemáticos de la oposición y ciertos sectores mediáticos. Sus dirigentes sostienen que la base dura permanece leal y que el ajuste responde a la consolidación de reformas profundas cuyo beneficio se verá a mediano plazo.
En el extremo opuesto, analistas y dirigentes opositores ven en estos números un castigo directo al ejercicio del poder. Argumentan que el electorado expresa hartazgo ante promesas incumplidas en seguridad, economía y combate a la corrupción. La magnitud del descenso —uno de cada cuatro votos perdidos— genera indignación en amplios sectores que esperaban resultados tangibles tras dos años de gestión y cuestionan si el estilo centralizador ha erosionado la confianza inicial.
Expertos independientes, sin alineación partidista, advierten que la erosión no afecta solo a Morena: refleja una ciudadanía más exigente y menos tolerante al discurso triunfalista. La pérdida de doce puntos en un año obliga a todos los actores a asumir su responsabilidad frente al electorado. Para Morena significa replantear su narrativa y resultados concretos; para la oposición, demostrar que su crítica se traduce en propuestas viables y no solo en descalificaciones.
El dato enciende polémica porque cuestiona la narrativa de invencibilidad que ha caracterizado al oficialismo desde 2018. Sectores críticos expresan indignación al constatar que, pese al control de las instituciones y el discurso de transformación, el apoyo popular se diluye con rapidez. Otros, en cambio, celebran que la democracia muestre signos de vitalidad: ningún partido es inmune al escrutinio ciudadano.
Este sondeo llega en un momento clave, cuando se discute la reforma electoral y se perfilan las candidaturas para 2027. La caída de Morena, aunque no le quita el liderazgo, abre un escenario de mayor competencia y obliga a todos los partidos a rendir cuentas reales. La sociedad observa con atención si los actores políticos entenderán el mensaje o insistirán en explicaciones que ya no convencen. La responsabilidad de responder con hechos, y no solo con encuestas, recae ahora sobre cada fuerza política.



































