martes, febrero 3, 2026
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Sheinbaum Echa Sal al Insurgente

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¡Ay, presidenta, qué manera de inaugurar! El lunes 2 de febrero, Claudia Sheinbaum cortó el listón del último tramo del Tren El Insurgente, ese que por fin conecta Toluca con Observatorio y le quita horas de tráfico infernal a miles de mexiquenses y chilangos. Chu-chú, llegó el tren después de 12 años de idas y venidas. Pero en su mensaje en X, doña Claudia no se aguantó las ganas de darle un zape a los “neoliberales”: “En contraste con el periodo neoliberal, recuperamos espacios públicos e integramos las zonas populares a un transporte de primer mundo. La Cuarta Transformación sí cumple”.

Órale, qué bonito suena. El detalle es que este tren lo diseñaron y licitaron en el sexenio de Enrique Peña Nieto, cuando el neoliberalismo todavía andaba de moda. Lo inició el PRI, lo empujó AMLO con sus ajustes y ahora la 4T le pone el moño. ¿Entonces? ¿Es herencia maldita o logro propio? Porque si fue tan neoliberal, ¿por qué no lo cancelaron de una vez como el aeropuerto de Texcoco? Ahí está el chiste: cuando conviene, la obra es de todos; cuando hay que repartir culpas, nomás de los de antes.

Y luego viene lo bueno: en redes ya le están echando la sal al pobre tren. “Ya valió, con esa bendición se va a caer como la Línea 12”, dicen unos. “Va a descarrilar como el Interoceánico”, rematan otros. No es para menos: la Línea Dorada se vino abajo en plena pandemia, y el tren del Istmo ya tuvo su accidente gordo con muertos y heridos que dejó a todos con el Jesús en la boca. La gente no es tonta; ve los antecedentes y se pone a rezar por los frenos.

No se trata de desearle lo peor al tren, que ojalá funcione perfecto y salve millones de horas en el periférico. Pero cuando un político usa la cinta para dar un discursito de campaña disfrazado de inauguración, se arriesga a que la neta le regrese como boomerang. La Cuarta Transformación puede presumir avances, pero no hay que olvidar de dónde vienen las cosas. Si no, parece que la memoria es como el boleto del Insurgente: ida, pero sin regreso.

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