lunes, febrero 2, 2026
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Nueva geopolítica: Trump y la asfixia energética regional

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El tablero político del continente americano atraviesa una reconfiguración drástica impulsada por la administración de Donald Trump, cuya estrategia de «máxima presión» ha mutado de la retórica diplomática a la intervención directa y la coacción económica. Tras la reciente captura y remoción del poder de Nicolás Maduro en Venezuela por fuerzas estadounidenses —un hito que ha alterado el equilibrio de poder en la región—, el foco de la Casa Blanca se ha desplazado de manera frontal hacia Cuba, utilizando el suministro energético como la principal arma de desgaste contra el régimen de Miguel Díaz-Canel y Raúl Castro.

El asedio energético: Cuba en la mira

La vulnerabilidad de Cuba ha alcanzado niveles críticos tras la pérdida del apoyo venezolano. Durante décadas, el petróleo de Caracas fue el pulmón que mantuvo operativa la precaria infraestructura de la isla. Sin embargo, con el control de facto que Estados Unidos ejerce ahora sobre la administración de los recursos venezolanos, ese flujo se ha cortado abruptamente. Donald Trump ha calificado a Cuba como un «país fallido», argumentando que sin el subsidio externo el sistema actual es insostenible.

En este escenario, el mandatario estadounidense ha implementado una política de aranceles punitivos contra cualquier nación que suministre crudo a La Habana. El objetivo es claro: forzar un «acuerdo» que implique una transición política o el colapso definitivo del Partido Comunista de Cuba. La especulación sobre una posible caída del régimen para finales de este año no es solo un rumor en Washington, sino una proyección basada en la incapacidad de la isla para generar energía propia, lo que ya ha provocado apagones masivos que afectan a más del 50% del territorio.

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El dilema mexicano: Soberanía frente a pragmatismo

México, bajo la administración de Claudia Sheinbaum, se ha visto atrapado en el epicentro de esta disputa. En 2025, México desplazó a Venezuela como el principal proveedor de petróleo a Cuba, enviando aproximadamente 12,000 barriles diarios. Esta decisión, defendida por Sheinbaum como un acto de «soberanía y solidaridad humanitaria», ha chocado frontalmente con las amenazas de aranceles de Trump.

La narrativa oficial desde Palacio Nacional ha sido ambivalente pero estratégica. Por un lado, la presidenta niega haber cedido ante presiones directas en sus llamadas con Trump; por otro, los datos de exportación muestran una pausa o reducción en los envíos de enero de 2026. México ha propuesto una salida diplomática audaz: que sea el propio Estados Unidos quien suministre ayuda humanitaria y energética para evitar una crisis de refugiados que afectaría a toda la región. Esta postura busca proteger la economía mexicana de las represalias comerciales de Trump —especialmente en el marco de la revisión del T-MEC— sin abandonar formalmente su tradición histórica de apoyo a la isla.

Perspectivas y posturas encontradas

El análisis de esta coyuntura revela tres posturas predominantes:

  1. La visión de Washington: Cuba y Venezuela son piezas de un dominó que debe caer para garantizar un hemisferio bajo la «esfera de influencia exclusiva» de EE. UU., eliminando la presencia de actores como Rusia o China. La presión sobre México es vista como una herramienta necesaria para cerrar el último grifo de oxígeno del régimen cubano.

  2. La resistencia cubana: El gobierno de Díaz-Canel denuncia un «bloqueo genocida» y apela a la resistencia interna, aunque reconoce que la crisis actual es sistémica y no tiene precedentes. La apuesta de la isla depende de la capacidad de México para sostener el suministro a pesar de las amenazas.

  3. El equilibrio de México: El gobierno mexicano intenta navegar entre el respeto a la autodeterminación y la realidad de una dependencia comercial absoluta con EE. UU. Algunos analistas sugieren que si Cuba cae, México podría ser el siguiente objetivo de una estrategia de alineación forzada para instaurar un gobierno más afín a las necesidades de seguridad y energía de la Casa Blanca.

Conclusión

La región se encuentra en un punto de inflexión donde el petróleo ha dejado de ser una mercancía para convertirse en el interruptor de la estabilidad política. El desenlace de la crisis en Cuba determinará si el modelo de intervención estadounidense en Venezuela se convierte en la norma para el resto del continente, situando a México en una posición de vulnerabilidad donde su autonomía energética y diplomática será puesta a prueba como nunca antes.

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