lunes, enero 19, 2026
Publicidad
1 (1)
previous arrow
next arrow
Inicio Editorial Vigencia de la Doctrina Monroe en el Siglo XXI

Vigencia de la Doctrina Monroe en el Siglo XXI

0
36

La reciente política exterior de Estados Unidos hacia el hemisferio occidental ha provocado un renovado debate sobre la vigencia de la Doctrina Monroe, un pilar diplomático que cumplió dos siglos en 2023. El análisis de Leandro Ariel Morgenfeld en su obra Nuestra América frente a la doctrina Monroe: 200 años de disputas ofrece un marco crítico para entender cómo las acciones de la administración de Donald Trump —y la inercia de las posteriores— representan una reivindicación explícita de este principio, tras años de lo que el autor denomina «abandono retórico» durante la era de Barack Obama.

El Retorno a la Hegemonía Explícita

Históricamente, la Doctrina Monroe (1823) se sintetizó en la frase «América para los americanos», interpretada por Washington como el derecho de exclusión de potencias extrahemisféricas y la consolidación de su influencia regional. Morgenfeld sostiene que, mientras John Kerry declaró en 2013 que la era de esta doctrina había terminado, el gobierno de Donald Trump rompió ese consenso diplomático al invocarla nuevamente de manera abierta ante organismos internacionales como la ONU y la OEA.

Este giro no fue meramente discursivo. Se manifestó en una serie de presiones y decisiones estratégicas que buscaron reafirmar a América Latina y el Caribe como el «patio trasero» de Estados Unidos, una zona de seguridad nacional y exclusividad económica frente al ascenso de competidores globales como China y Rusia.

Casos de Estudio: Presión y Control Territorial

El análisis de la política trumpista revela un patrón de intervencionismo y coerción que Morgenfeld vincula directamente con los corolarios históricos de la doctrina:

-Publicidad-
  • Venezuela y Cuba: La política de «máxima presión» contra los gobiernos de Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel se alineó con la lógica monroísta de combatir sistemas políticos no alineados con los intereses de Washington. Morgenfeld destaca que Trump buscó subordinar a los gobiernos regionales para aislar a estos países, utilizando sanciones económicas y amenazas de intervención como herramientas de disciplina continental.

  • México y la Seguridad Fronteriza: La relación con México estuvo marcada por una asimetría de poder donde la amenaza de aranceles y el control migratorio funcionaron como mecanismos de coerción. Esta postura refleja la visión de la región no como socios iguales, sino como áreas cuya estabilidad interna debe servir exclusivamente a la seguridad nacional estadounidense.

  • El Episodio de Groenlandia: Aunque fuera del ámbito latinoamericano, el interés de Trump por adquirir Groenlandia en 2019 evoca el «Corolario Lodge» de 1912. Este corolario establecía que la adquisición de territorio en las Américas por potencias extranjeras —o incluso corporaciones controladas por ellas— era una amenaza para Estados Unidos. La propuesta de compra subraya una mentalidad de expansión territorial y control de recursos estratégicos propia de la fase imperialista de la doctrina.

Perspectivas y Posturas en Pugna

El debate sobre la Doctrina Monroe hoy se divide en dos grandes posturas. Por un lado, la visión del establishment estadounidense y sectores realistas que consideran que el vacío de poder dejado por Washington sería llenado por regímenes autoritarios o potencias rivales, justificando así la necesidad de una esfera de influencia protegida.

Por otro lado, la perspectiva que Morgenfeld defiende desde «Nuestra América» ve en la doctrina una herramienta de subordinación que impide la autonomía regional. El autor argumenta que la región posee recursos estratégicos y una población de 650 millones de personas que la convierten en un escenario de pugna global. Frente a la «monroización» de la política exterior, propone fortalecer mecanismos de integración como la CELAC o la UNASUR para negociar en bloque y evitar la fragmentación que facilita la dominación unilateral.

En conclusión, el análisis de Morgenfeld sugiere que la Doctrina Monroe no es un anacronismo, sino una estructura resiliente que se adapta a los nuevos desafíos geopolíticos. Las decisiones recientes de Washington confirman que, para la potencia del norte, el control del hemisferio sigue siendo la piedra angular de su proyección de poder global, mientras que para los países de la región, el desafío sigue siendo la construcción de una soberanía efectiva frente a una hegemonía de dos siglos.

Deja un comentario