La Organización de las Naciones Unidas, a través de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), proyecta un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de México de 1.3% para 2026, una cifra que se sitúa por debajo del promedio regional estimado en 2.3% para el mismo periodo. Esta estimación sigue a un 2025 marcado por un avance de apenas 0.4%, según datos preliminares del Banco de México y confirmados por la CEPAL. El informe destaca que la recuperación se apoya en incrementos en la inversión privada y el consumo interno, impulsados por remesas y proyectos de infraestructura, pero advierte sobre vulnerabilidades externas como la incertidumbre en el comercio internacional y la dependencia de exportaciones a Estados Unidos.
Desde la perspectiva del gobierno federal, estas proyecciones representan una estabilización positiva tras la desaceleración post-pandemia. Funcionarios argumentan que el crecimiento, aunque modesto, refleja políticas enfocadas en la soberanía económica, como la promoción de inversión en sectores estratégicos y el fortalecimiento del mercado interno. Se enfatiza que el consumo ha sido un motor clave, con un aumento en el gasto de hogares gracias a programas sociales y salarios mínimos elevados, lo que contrasta con periodos previos de mayor volatilidad. Sin embargo, críticos del oficialismo señalan que este enfoque ignora riesgos como la inflación persistente en alimentos y la posible reducción de remesas si se materializan tensiones comerciales con Estados Unidos, socio que absorbe el 80% de las exportaciones mexicanas.
La oposición, integrada por partidos como el PAN y el PRI, califica estas cifras como evidencia de un estancamiento estructural. Argumentan que el 1.3% proyectado para 2026 es inferior al promedio anual de alrededor del 2% durante el periodo neoliberal (1982-2018), criticado en su momento por su bajo dinamismo pero ahora invocado como punto de comparación para resaltar contradicciones. Analistas independientes destacan que, en términos per cápita, el crecimiento neoliberal fue de aproximadamente 0.6% anual entre 1980 y 2000, lo que invita a polémicas sobre si las políticas actuales realmente superan los errores del pasado o perpetúan un ciclo de bajo rendimiento. Además, se cuestiona la responsabilidad en la gestión fiscal, con recortes en inversión pública que podrían limitar el potencial de recuperación, exacerbando desigualdades regionales y afectando sectores como la manufactura.
En el contexto regional, México se posiciona entre las economías menos dinámicas, por detrás de países como Brasil (proyectado en 2.2%) y Colombia (2.7%). La CEPAL atribuye el promedio latinoamericano a una moderada expansión en consumo y exportaciones de commodities, pero advierte que factores globales como tarifas arancelarias y desaceleración en China podrían impactar negativamente. Esto genera debates sobre la necesidad de diversificar socios comerciales y fomentar innovación tecnológica para elevar el crecimiento por encima del 2%.
En resumen, las proyecciones de la ONU exponen un panorama de recuperación gradual pero insuficiente, que invita a controversias sobre la efectividad de las estrategias económicas vigentes. Mientras el oficialismo defiende un modelo inclusivo, la oposición urge reformas para impulsar inversión extranjera y competitividad. El desafío radica en equilibrar estabilidad macroeconómica con medidas que aceleren el crecimiento, evitando que México permanezca rezagado en la región.






































