¡Ay, caray! Justo cuando pensábamos que el año 2026 ya no podía dar más sorpresas, sale Adriana Marín, la encargada de comunicación digital de Morena en el Congreso de la CDMX, y suelta la bomba: el narcotráfico es uno de los principales empleadores del país, reclutando entre 160 mil y 185 mil personas al año, y hasta necesitan 350 «contrataciones» semanales para reponer a los que caen detenidos o en la tumba. Lo dijo en un debate juvenil en noviembre pasado, pero ahora, en pleno enero, el video se viralizó y ¡bum!, escándalo nacional.
La chava no estaba defendiendo al narco, ojo, solo explicaba por qué es tan jodido combatirlo: porque donde el Estado y el sector privado no generan chamba decente, los cárteles llegan con ofertas de lana rápida, fama y «oportunidades» que suenan tentadoras para chavos sin futuro. Es una realidad incómoda, respaldada por estudios que colocan al narco como el quinto empleador más grande de México, detrás de gigantes como Femsa o Walmart. Pero claro, decirlo en voz alta suena a que estás normalizando el crimen organizado, y eso no pasa desapercibido.
La presidenta Claudia Sheinbaum no se quedó callada en la mañanera: «Muy desafortunadas las declaraciones de esta joven, la verdad. Ese no es el dato ni es deseable». Y remató: el objetivo de su gobierno es justo lo contrario, que los jóvenes no vean la delincuencia como opción de vida. Morena se deslindó rapidito, condenó el acoso que recibió la muchacha (con amenazas y ataques cibernéticos incluidos) y defendió que no representa al partido. Pero el daño ya está hecho: en redes la tunden de «narcomorenista» a «defensora del narcoempleo», y hasta hay memes de currículums para sicario.
Aquí está lo chistoso y lo trágico al mismo tiempo: una morenista joven, supuestamente formada en la 4T, termina reconociendo en público una verdad que muchos evitan decir en voz alta. Mientras tanto, la presidenta tiene que salir a corregir el rumbo y recordar que el narco es opción de muerte, no de empleo. ¿Será que en Morena hay quien todavía no entiende bien el mensaje central de su propio gobierno? O peor: ¿que la realidad aprieta tanto que hasta los voceros se les escapa lo que no se debe decir?
Al final, el escándalo deja una lección clara: en política, a veces la franqueza duele más que el silencio. Y en México, hablar del narco como «empleador» es jugar con fuego… aunque sea para explicar por qué no se apaga.




























