Las dudas sobre los motivos de la renuncia de Alejandro Gertz Manero a la Fiscalía General de la República (FGR) persisten, y con razón: el proceso fue opaco, tardío y marcado por negociaciones que duraron horas el 27 de noviembre de 2025, cuando finalmente presentó su carta al Senado. En ella, Gertz enfatizó que aceptaba la propuesta de Claudia Sheinbaum para ser embajador en un «país amigo» —rumores apuntan a Alemania, aunque no se ha confirmado oficialmente— como una forma de «continuar sirviendo a su país» desde una «nueva tarea que me honra». El Senado aprobó su salida con 74 votos a favor y 22 en contra, calificada como «por causa grave», lo que abrió la puerta a su relevo interino: Ernestina Godoy, aliada de Sheinbaum desde su tiempo en la CDMX, quien asumió el despacho el 28 de noviembre tras renunciar a la Consejería Jurídica.
La presidenta, en su conferencia del 28 de noviembre, confirmó la oferta de embajada de manera directa: «Le ofrecí una embajada al fiscal y aceptó esta propuesta», sin revelar el destino por «trámites diplomáticos pendientes», aunque insinuó que se anunciaría «pronto». Respecto al elogio previo —durante sus primeros 13 meses de gobierno, Sheinbaum lo incluyó en gabinetes de seguridad y mañaneras, destacando su experiencia—, la explicación implícita radica en la necesidad de «transformación» en la FGR: mayor coordinación con la Secretaría de Seguridad (bajo Omar García Harfuch), transparencia en investigaciones de huachicol, factureras y delincuencia organizada, y resultados concretos contra la impunidad. Sheinbaum lo framed como un relevo natural para alinear la institución con su agenda de «segundo piso» de la 4T, pero evitó profundizar en fricciones, limitándose a decir que «respetamos mucho al doctor Gertz, pero ahora queremos más coordinación».
¿Por qué ahora, si lo elogiaba?
La aparente contradicción entre elogios y salida sugiere presiones acumuladas más que un capricho. Gertz, de 86 años y designado por AMLO en 2019, deja un legado controvertido: casi siete años de opacidad, ausencias prolongadas, pocas conferencias y miles de carpetas abiertas sin resolución (e.g., casos de corrupción o violencia). Bajo Sheinbaum, persistieron críticas por ineficiencias, como la filtración reciente del expediente de Raúl Rocha Cantú (dueño de Miss Universo, ligado a huachicol), que algunos ven como detonante. Además, reportes revelan «excesos» tolerados por años —como un helicóptero Bell 222 en el hangar de la FGR— que ahora se usan para justificar su salida acelerada. Analistas como Sergio Aguayo cuestionan: «No es lógico que lo corran ahora», apuntando a pactos políticos para evitar un despido directo, posiblemente involucrando a Adán Augusto López (quien se reunió con Sheinbaum y senadores para reunir firmas).
La oposición amplifica las dudas: Xóchitl Gálvez acusa a Sheinbaum de «manipular» la renuncia para habilitar «persecución política» contra disidentes, mientras el PAN critica la falta de «causa grave» real y ve la embajada como un «premio inmerecido». Morena, en cambio, la defiende como «salida digna» y enfatiza la transformación institucional. En X, el debate es feroz: desde memes sobre el «fantasmagórico fiscal» hasta llamados a investigar a Gertz en lugar de «premiarlo».
En esencia, la oferta de embajada parece un «paracaídas dorado» para suavizar una salida inevitable: Sheinbaum necesitaba alinear la FGR con su visión técnica y coordinada, sin el lastre de un estilo opaco heredado de AMLO. El Senado elegirá al fiscal definitivo (Sheinbaum propondrá ternas), pero Godoy —descrita como «mujer extraordinaria, honesta y de convicciones»— podría quedarse si Morena impone su mayoría. Si las dudas escalan, podrían revelar más sobre tensiones internas en la 4T.





































