La reciente salida de Alejandro Gertz Manero de la Fiscalía General de la República (FGR) ha marcado un punto de inflexión en la administración de Claudia Sheinbaum, y no solo por la relevancia del cargo, sino también por lo que su reemplazo pudiera significar en el panorama político mexicano en términos de control de todos los poderes de la federación. La situación se complica aún más con la licencia solicitada por Juan Ramón de la Fuente, titular de Relaciones Exteriores, por motivos de salud, y las versiones que sugieren la posible salida del secretario de Educación Pública, Mario Delgado. Este momento de cambio puede convertirse en un verdadero termómetro de las tensiones y futuros movimientos en el gabinete presidencial, marcando las pautas hacia un ciclo electoral que se aproxima.
El impacto de la salida de Gertz Manero, cuyo liderazgo ha sido objeto de críticas por su gestión y por las filtraciones de las que se le acusa, deja a la FGR en un estado de vulnerabilidad. La nueva fiscal, por los antecedentes, se alineará a los designios de una presidenta que empieza a cambiar a funcionarios que no eran de su equipo.
Sin embargo, el escenario se agita aún más debido a la reciente decisión de Juan Ramón de la Fuente de solicitar una licencia por motivos de salud, lo que deja a Sheinbaum ante la pregunta: ¿quién tomará las riendas de la política exterior en un momento en que la diplomacia mexicana enfrenta desafíos tan complejos? La representación de México en el contexto internacional puede quedar tambalear si no se hace la elección correcta, especialmente en medio de tensiones con Estados Unidos respecto a migración y comercio.
Por otro lado, como se especuló hace algunos meses, esto podría abrir la puerta a más cambios en el gabineta, como la posible salida de Mario Delgado de la Secretaría de Educación Pública ante las acusaciones que pesan en su contra, algo que añade otra capa de incertidumbre y controversia. Delgado, quien ha sido clave en la implementación de las políticas educativas del gobierno, enfrenta presiones crecientes. Su desplazamiento podría señalizar una reconfiguración en el enfoque del gobierno hacia la educación, en un momento en que la opinión pública se vuelve cada vez más crítica sobre el desempeño del sistema educativo después de la pandemia. La pregunta que surge es: ¿será esta la oportunidad para un cambio radical en la narrativa educativa del país o simplemente un ajuste más en un gabinete que podría volverse más ineficaz?
La combinación de estas decisiones puede señalar una estrategia de Sheinbaum para presentar un nuevo rostro en su administración o, por el contrario, reflejar una crisis de liderazgo en la que vacíos de poder comienzan a emerger. La necesidad de un nuevo fiscal que pueda ejecutar una justicia eficaz y no politizada queda pendiente para que la FGR quede bajo la esfera de influencia presidencial, al igual que la necesidad de una voz fuerte y clara en relaciones exteriores y educación. Sin embargo, las elecciones de este nuevo liderazgo no serán simples; la presión de su propia coalición y de la oposición se intensificará, y cualquier elección que Sheinbaum haga podría resonar en el electorado.
La inestabilidad política del gobierno de Sheinbaum también podría interpretarse como un signo de debilidad. Durante su campaña rumbo a la presidencia, deberá demostrar que tiene la capacidad de manejar su gabinete. Un error en estos nombramientos podría derivar en un descontento que penglaría en las encuestas, afectando su imagen y aspiraciones políticas.
A medida que se sienten estas tensiones dentro del gabinete, una pregunta retórica persiste: ¿será Sheinbaum capaz de forjar un camino que la lleve a la presidencia, o enfrentará los costos de una administración en crisis?
En conclusión, con la sucesión en la FGR como punto focal y la reconfiguración del gabinete en marcha, el próximo periodo será decisivo. ¿Habrá cohesión en la estrategia política de Sheinbaum o nos enfrentaremos al inicio de un desmantelamiento interno que pondría en jaque sus posibilidades? La respuesta será fundamental para entender la dirección en la que se dirige el país.




































