De una manera bien conocida, burda y descarada, la cúpula de Morena quiere tener un control total del país, y no se trata de dar poder absoluto a una sola persona como muchos creen, quien ahora se encuentra enclaustrada, se supone que en su propiedad en Palenque o quizás en otra parte. Va más allá, pues además de apoyar a su cabecilla Amlo, muchos quieren su cuota de poder y a algunos hasta desbancarlo y convertirse en el nuevo dueño de la 4T. Eso es un fenómeno bien conocido en las luchas por el poder.
Efectivamente, han ido destruyendo todo lo que se les opone o dificulta ese control total del país, desde instituciones hasta artículos constitucionales y leyes secundarias. ¿Lo lograrán y anularán cualquier forma de oposición o participación en las decisiones políticas del país? Para allá van, pero muy difícilmente lograrán la dictadura total. Aún les queda camino esencial que recorrer.
Los dueños de Morena han ido acallando las voces que hacen denuncias, señalamientos, que desbaratan mentiras, pero sin embargo muchas voces y plumas siguen actuando en defensa de la democracia, de la libertad. Y las denuncias internacionales, hechas por políticos importantes y por periodistas influyentes no pueden evitarlas, sólo tratar de desmentirlas, y hasta para eso lo han hecho muy mal.
¿Cuál es el principal obstáculo que Morena tiene para controlar todo lo político en México? Pues es Morena mismo. Este partido no es un bloque unificado, es la suma de muchos intereses personales, más o que de grupos. Se trata de que “yo quiero y yo lo voy a conseguir”.
La fidelidad a un líder escondido y que él mismo se ha cerrado la comunicación al público lo irá desgastando en su influencia directa. Ahora sólo opera por medio de terceros, los cuales tienen sus propios intereses de poder. Ante un líder que está en la sombra, la ciudadanía ya no tiene que escucharle para apoyarle como lo hacía estando en la silla presidencial, su recuerdo persiste, pero la ciencia política y la psicología social nos enseñan que un poder y un liderazgo ausente pierde capacidad de acción, autoridad y veneración.
La realidad de las luchas internas por el poder dentro de Morena está más que a la vista, ya no sólo de los analistas políticos, comentaristas influyentes leídos o escuchados y de “los enterados”, sino también de muchas personas, ciudadanos comunes. A algunos de éstos últimos les interesa el tema, les preocupa, a otros no les llama siquiera la atención. Pero cada vez hay más preocupados que piensan que se debe “hacer algo” para detener la destrucción que hace Morena.
No hay una respuesta general de que los partidos políticos, las organizaciones sociales y quien sea organizadamente “hagan algo” para detener la destrucción institucional de México. Pero el fenómeno de la lucha interna dentro de Morena es una verdad que se manifiesta cada vez más, sobre todo porque la sucesora impuesta en Palacio Nacional no ha podido tomar realmente el poder presidencial, tiene muchos poderes internos que siguen a Amlo o a sus personales intereses que abiertamente le impiden ejercer ese poder que siempre tenían sus predecesores en la silla presidencial.
Pero no solamente Sheinbaum ve limitado su poder político en el Ejecutivo, sino que también tiene en el Congreso de la Unión empoderados que se niegan a someterse a sus intenciones y hasta instrucciones. A eso hay que sumarle una cada vez mayor manifiesta incapacidad suya para ejercer el cargo conferido de la presidencia. Ha cometido muchos errores, incluyendo en política internacional.
Y agreguémosle los problemas del enorme poder fáctico de la delincuencia organizada, cuyas relaciones y confabulaciones con importantes morenistas se van haciendo cada vez más evidentes, y la cúpula morenistas y sus corifeos y plumas y voces compradas no pueden ocultarlo, por más que lo intentan. Entre otros centros de poder que los evidencian internacionalmente hay uno en especial que los tiene aterrados, no pueden ya no digamos callarlo o pedirle algo de discreción, sino que no pueden rebatirlo con hechos y datos, el señor Trump. Solamente se dedican tímidamente a decir que no son ciertos sus dichos de ser narco gobierno y que están limitados (por decir lo menos) para actuar libremente en el control político y gobierno del país.
Fuerzas políticas fácticas han empezado a enfrentarse al poder morenista, con el principal caso de la CNTE. Y ante la incompetencia del gobierno de controlarlos, cada vez más organizaciones sindicales y otras más, se irán enfrentando al poder central y causando disturbios sociales. Y a ello se suman las manifestaciones de poder criminal de las mafias o cárteles de la delincuencia organizada.
Estos procesos de lucha interna por el poder y la discreta reducción del poder del líder enclaustrado y decidido a mantenerse callado (salvo cuando salió a votar por el Poder Judicial) empoderan a algunos de sus principales operadores, y a ello se suman las evidencias públicas de fallas y presunciones de delitos, de enorme enriquecimiento a costillas del erario que los descalifican. Pregúntenle a Adán. Además, Morena no tiene ningún cabeza que pueda ser aceptado como líder popular y obedecido como Amlo.
La intención abierta de López Obrador de hacer presidente en 2030 a su hijo favorito, ese que ya no quiere que le digan “Andy” se está desdibujando. Este sujeto no tiene ni antecedentes ejecutivos o legislativos o de liderazgo partidario por lo que hacer que la presidente le herede el poder presidencial, está fuera de posibilidad alguna. No hay forma de que pueda someter al partido, ni siquiera con el poder tras del trono de su padre.
En fin, a donde voy es que Morena, la autollamada “4T” en vez de irse unificando para tener el poder absoluto, se está dinamitando internamente. No parecen entender el viejo principio de que “la unión hace la fuerza”. La (para ellos) inesperada pérdida de cara por sus fallas, sus inocultables derroches de millonarios y las noticias nacionales y (lo peor) internacionales de su corrupción y ataduras con la delincuencia organizada los está destruyendo rápidamente.
Por eso pienso que en un futuro no lejano, Morena hará implosión, y ello, ya que tienen gran poder ejecutivo, legislativo y organizacional del partido, esa implosión llevará a México a una explosión, ya no digamos de poder de gobierno, sino de enormes problemas de servicios públicos (peor que ahora), dificultades o hasta imposibilidades de cumplir sus apoyos sociales por falta de dinero, de desajuste de la economía y de endeudamiento incontrolable, pues el que ya tienen acabará con que la banca internacional le cierre la llave.
Y hay algo muy preocupante, que no se ve algo organizado que pueda ser reconocido popularmente para recibir el desastre e iniciar a darle solución. Los partidos políticos “de oposición” no han podido ganar un reconocimiento público de tener la solución de personas capaces de sacar a México adelante, la tenga o no, o se encuentre en la llamada sociedad civil.
Sí, veo en un futuro cercano, para tragedia de México una implosión de Morena, que los (o nos) llevará a una explosión de gobierno nacional.
@siredingv


































