Devotos, elecciones y otros políticos non sanctos: El departamento fantasma de Citla

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Ay, compa, qué cosas no se ven en esta cuarta transformación que ya parece magia negra. La secretaria general de Morena, Citlalli Hernández —o Citla, como le dicen los cercanos—, resulta que en su declaración patrimonial puso “ninguno” en el rubro de bienes inmuebles. ¡Ninguno! Como si viviera de prestado o en una vecindad del centro. Pero en el mismo documento aparece un crédito hipotecario con Banorte por la modesta cantidad de 3 millones de pesos. Uno se pregunta: ¿y el depa? ¿Se lo comió el gato? ¿O es de esos inmuebles que solo existen cuando hay que pagar la mensualidad?

Según el señalamiento del periodista Jorge García Orozco, el departamento de por lo menos esos 3 millones está ahí, pero no aparece en la lista de propiedades. Como si declarar el crédito fuera suficiente y el techo que te cobija fuera detalle menor. ¡Qué ocurrencia! En el México de los de a pie, si pides un préstamo de ese tamaño, el banco te pide hasta el acta de nacimiento del abuelo y te asegura que el bien queda como garantía. Pero en el mundo de los devotos de la austeridad republicana, parece que se puede tener la deuda sin el activo. O al menos, sin contarlo.

Y no es la primera vez que pasa. Otros morenistas andan con residencias, terrenos y departamentos que valen una fortuna, pero en el papel se hacen los humildes, los de a pie, los que “no tienen nada”. Hasta parece que tener un depa decente es pecado mortal… o moral, según se mire. Porque el discurso es de “primero los pobres”, pero cuando toca transparentar, algunos prefieren el “primero mi patrimonio bien escondidito”. Qué cómodo resulta predicar la humildad mientras se disfruta de las comodidades que el resto de los mortales solo ve en las revistas de lujo o en las fotos de Instagram de los influencers.

Citlalli, que ha sido vocera de causas justas y hasta secretaria de las Mujeres, ahora carga con esta sombra. No se trata de lincharla ni de pedirle que viva bajo un puente para demostrar pureza. Se trata de coherencia. Si se predica la honestidad y se ataca a los “fifís” por sus mansiones, pues toca predicar con el ejemplo. Declarar “ninguno” cuando hay una hipoteca de 3 millones huele a que alguien se le olvidó el apartado de bienes o, peor, a que pensó que nadie se iba a fijar. Pero en estos tiempos de redes y periodistas curiosos, todo se destapa más rápido que un pozole en fiesta de pueblo.

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Al final, el pueblo no es tonto. Sabe distinguir entre el discurso de lucha y las comodidades que se ocultan. Mientras tanto, Citla y compañía siguen el manual: prediquen pobreza, disfruten patrimonio y, si alguien pregunta, digan que es un error de captura. ¡Qué hermoso el teatro de la regeneración!

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