Devotos, elecciones y otros políticos non sanctos: Adiós memes, hola censura

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Pues ya se armó la de vaqueros en San Lázaro. La Comisión de Economía, Comercio y Competitividad de la Cámara de Diputados le dio el sí al proyecto de dictamen que reforma la Ley Federal del Derecho de Autor. La cosa, enviada por la propia presidenta Claudia Sheinbaum, obliga a los proveedores de internet a tener una política pública y clarita para cortar el servicio a los usuarios que se pasen de listos y reincidentes con las infracciones a los derechos de autor. Si no la tienen, adiós al “puerto seguro” y hola a multas que pueden llegar hasta las 40 mil Unidades de Medida y Actualización… o sea, como 4.6 millones de pesos. El Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial será el que cobre la cuenta.

Le pusieron de apodo “Ley Antimemes” y no es por gusto. Porque, seamos honestos, el meme mexicano promedio se arma con una foto de alguien famoso, un frame de película, un personaje de caricatura o hasta una carita generada con inteligencia artificial. Y según esta reforma, si el proveedor no se pone listo y le corta el internet al que se la pase subiendo material “protegido” sin permiso, se la carga el chango. No dice “prohibido hacer memes”, eso sí. Solo que si te agarran de reincidente, el proveedor tiene que tener listo el hachazo.

Los defensores del dictamen juran y perjuran que no hay vigilancia generalizada ni censura previa. Que solo se trata de responsabilidad secundaria y de cuidar el invento de los creadores. Pero uno ya sabe cómo se pone la cosa cuando el poder se siente aludido. Porque la crítica social en este país se mueve a puro meme, a pura ironía barata y a puro “a ver si no se ofenden”. Y cuando se abre la puerta para que te quiten el internet por “reincidencia”, el siguiente paso es que alguien decida qué cuenta como infracción y qué no.

No se trata de defender el pirataje descarado ni de regalarle el trabajo a nadie. Se trata de que en un país donde el humor negro y la burla política son casi deporte nacional, cualquier herramienta que le dé más poder a las empresas y a las autoridades para decidir quién se queda conectado y quién no, huele a control disfrazado de protección. Ya vimos cómo se usan estas figuras en otros lados: primero es “proteger derechos”, después es “cuidar la dignidad” y al final resulta que el único que no puede reírse es el que está arriba.

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Así que ahí queda el aviso. Si se les ocurre seguir compartiendo al político con cara de “no me gusta el café” o al funcionario transformado en personaje de caricatura, mejor vayan pidiendo el número de la compañía de internet… y un plan B para cuando les digan “por reincidente, se acabó el servicio”. Porque en este país, el meme siempre ha sido más poderoso que el discurso oficial. Y parece que eso, a algunos, les estorba.

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