Diez millones
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Contra reloj… hasta que importaron

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“Es un error que escribas sobre los migrantes, no es un tema relevante para nadie… en México a casi nadie le importan, ya se fueron y bastantes problemas hay con los que están aquí, deberías elegir otro asunto que si sea importante”. Este fue uno de diversos comentarios que en el mismo tono escuché cuando en 2013 compartí mi intención de escribir un libro que con un enfoque de prosperidad pusiera sobre la mesa historias exitosas de mexicanos en Estados Unidos.

 En su momento me sorprendió el tono despectivo y la convicción de que poner estas historias sobre la mesa era una pésima decisión. También escuché voces a favor y en especial agradezco la de Oliver Azuara, quién me sugirió darle al texto un enfoque de las aportaciones de nuestra comunidad, en sus logros y en la urgencia de contar esa parte de la historia donde no sólo hay victimización, sin dejar de reconocer los enormes riesgos y desafíos que a diario enfrentan los nuestros, y poder destacar que su talento, su capacidad y su esfuerzo representan a la economía del país más poderoso del mundo cerca de 8.0 por ciento de su PIB.

Y fue así que empecé a contactar liderazgos que en años anteriores había tenido el privilegio de conocer, como la de don Jaime Lucero y el Dr. Gabriel Rincón, en Nueva York, y don Samuel Magaña, en Los Ángeles, California. Pude reencontrarme con María Contreras en Washington y con José Luis Gutiérrez, Artemio Arreola y Salvador Pedroza de la Villita, todos ellos líderes que han hecho historia y han colaborado a fortalecer la organización y el poder de nuestra comunidad en Estados Unidos.

Una historia me llevaba a la otra, y lo que en principio serían 15 historias de éxito, terminó en un libro con más de 60 historias heroicas que, por sugerencia de Robert Smith, un académico comprometido y altamente reconocido de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, se tituló El sueño que unió la frontera, mexicanos que triunfan en Estados Unidos.

Las historias siendo únicas, destacaban ya entonces valores comunes como el riesgo, la audacia, la tenacidad, un esfuerzo extraordinario para educarse, momentos difíciles e incluso trágicos de vida para algunos, y a la vez, grandes satisfacciones, logros y compromiso con su comunidad para acompañar a otros con generosidad y solidaridad. Casi todos ellos hacían énfasis en la urgencia de reconocer la binacionalidad y las transformaciones de una comunidad que ya sumaba más de 30 millones con una segunda y tercera generación.

Pero también hacían un llamado urgente a que se contara la historia completa de nuestra comunidad, a trabajar para derribar los estereotipos y mitos que les generaban exclusión y discriminación. Todos ellos afirmaban que cuando sus carreras empezaron a destacar una de las consecuencias era la sorpresa de muchos porque no podían creer que eran mexicanos.

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Entonces era inimaginable que este 20 de enero Donald Trump será el presidente de Estados Unidos y que esos mitos y tabúes alentados por el odio se han fortalecido y convertido en muros.

A tres años de publicar el libro, de la mano del odio hay también un cambio que debemos convertir en fortaleza. Hoy, a diferencia de esos años y por múltiples razones (no todas positivas), lo que sucede a los mexicanos en Estados Unidos ha empezado a importar y su realidad y desafíos están ya en la agenda de actores diversos.

Habrá que ser responsables para no caer en la tentación de politizar esta agenda y que en vez de responder a las enormes necesidades de los mexicanos en Estados Unidos, se responda a la agenda de grupos de interés en México.

Tenemos valiosos instrumentos a la mano. La red consular mexicana en Estados Unidos, la más grande de un país en otro, en la abrumadora mayoría de los casos es conducida por funcionarios responsables y comprometidos con las comunidades mexicanas de la localidad.

Hay cientos de organizaciones de la sociedad civil de las que debemos aprender y a las que debemos acompañar en sus esfuerzos, que trabajan cotidianamente por los mexicanos en Estados Unidos. Y la sólida red de alianzas y esfuerzos comunes entre las primeras generaciones y jóvenes, como los dreamers, son la mayor fuerza.

Si la llegada de Trump despierta la voluntad política que tímidamente asomaba en el Estado mexicano para trabajar por esta comunidad en Estados Unidos, aprovechemos los instrumentos que tenemos a la mano. Se puede hacer ya y se puede hacer bien. Estamos contra reloj.

@JosefinaVM