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Torres Cofiño Marcelo

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El gobernador, Rubén Moreira Valdez, y el alcalde, Miguel Ángel Riquelme Solís, actúan como si Torreón fuera de su propiedad. No entienden que son servidores públicos y no los dueños del municipio. Hacen con la ciudad lo que dicta su voluntad y su ambición, sin importarles las consecuencias. Al tiempo, que derrochan los recursos de la ciudadanía en obras de relumbrón, la calidad de los servicios públicos decae de manera sistemática; hasta el tan presumido Alumbrado Público, que tan caro nos está costando a los torreonenses, no hay día que no presente fallas en algún punto de la ciudad. Y ya ni hablemos del pavimento, que se encuentra en estado desastroso.

Moreira y Riquelme no entienden de prioridades. Se mueven por caprichos y por ocurrencias. Al tiempo, los habitantes de Torreón perdemos calidad de vida. Lo que están haciendo con la Avenida Morelos y con el proyecto del teleférico, es una muestra clara de que no escuchan ni entienden razones; no importa de dónde salgan los señalamientos ni las evidencias sólidas que los respalden. Su ambición los ensordece.

Lo que más indigna es que se nos traten de mentir de manera sistemática, como si los torreonenses no tuviéramos memoria ni mucho menos inteligencia. Con toda desfachatez, el gobernador Moreira se atreve a decir que el teleférico y el Paseo Morelos “resucitarán” al Centro Histórico; pero, él y Riquelme cierran sus oídos a las pertinentes críticas de quienes verdaderamente dieron nueva vida a ese sector de Torreón: Los ciudadanos integrantes de Moreleando. Tampoco escuchan a quienes forman parte del Consejo Morelos Centro Histórico ni a los pequeños comerciantes que, arriesgando su capital, se han ido colocando a lo largo de esa simbólica avenida.

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Nadie, cubrirá los daños que les han ocasionado a esos comerciantes los trabajos que se realizan allí desde noviembre de 2014. Habrá que recordar, además, que en ese momento se dijo que la primera etapa de la obra tardaría sólo seis meses, lo que sabemos no ocurrió. Ahora, los “propietarios” de Torreón nos dicen que terminarán en octubre de este año. ¿Hay razones para creerles?

La realidad es que ni a Rubén Moreira ni a Miguel Riquelme les interesa qué ocurra con el Centro Histórico de nuestra ciudad. Si eso fuera, sus decisiones serían necesariamente distintas, porque comprenderían que la problemática de ese sector es integral y no se resuelve con medidas aisladas y caprichosas, menos aún, si se realizan obras de mala calidad que, como la Morelos, colapsan sin explicación alguna.

Torreón necesita de auténticos servidores públicos, no de gente que actúe como si fuera dueña de la ciudad.