Diez millones
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Después de la fiesta, la diversión, pero, sobre todo, ante la novedad del presente, se nos olvida, por grave que sea, lo que pasó ayer.

A la memoria de Luis Fernando, Karla, Ivonne y Carlos.

 

Hasta hace unos días la sociedad se conmocionó por un fatal accidente automovilístico debido a la irresponsabilidad de su conductor y la dolorosa pérdida de la vida de cuatro personas, de quienes, lamentablemente, la inmensa mayoría no sabe ni sus nombres.

Aun cuando son evidentes las circunstancias, es decir, exceso de velocidad y, al menos, ingesta de bebidas embriagantes del irresponsable conductor, es indispensable que el Estado cumpla con su deber de comprobar fehacientemente la responsabilidad del chofer y que logre que el responsable indemnice a los familiares de las víctimas; sin embargo, también desde el principio se consideró, por la sociedad en general, que sería un caso más de impunidad que se sumaría a la larga cadena que pesa sobre el Estado mexicano.

Lo mismo sucede con respecto a un grupo de sujetos autollamados Centinelas que, en forma por demás cobarde, agreden, sin provocación alguna, a jóvenes que disfrutan de la convivencia social, sin embargo, heredan una sociedad indiferente e instituciones ineficaces para garantizar su seguridad e integridad.

Todo ello se olvidó por la captura “sorpresiva” de dos exgobernadores priistas buscados no sólo porque los gobiernos que encabezaron no han justificado observaciones de la Auditoría Superior de la Federación por más de siete mil millones de pesos, sino, sobre todo, para que salvaran al PRI de las próximas elecciones y pudieran decir que se combate la corrupción, a pesar de que ello se haga un par de meses antes de las elecciones.

Es verdaderamente inaceptable que en los casos más significativos se actúe con ineficacia, cuando debieran ser los casos en los cuales se pone el mayor cuidado para tratar de mandar un mensaje a la sociedad de que el Estado tiene la capacidad y voluntad para actuar de manera eficiente para sancionar las conductas que afectan los derechos e integridad de las personas.

El número de los hechos delictivos rebasan la capacidad de prevención, investigación y sanción de la autoridad. Sin embargo, ello no debiera ser excusa para reafirmar la sensación en la sociedad de abandono por parte del Estado, cuando se trata de responder frente a la delincuencia y corrupción en cualquiera de sus manifestaciones.

La sociedad, pero en particular los delincuentes, perciben que hay muy pocas probabilidades de ser sancionado con motivo de su actuar ilícito, si fuera al contrario, sin duda alguna esta situación sería uno de los elementos más eficaces que inhibiría este tipo de conductas. Además del reforzamiento de las convicciones personales para no cometer actos ilícitos, es decir, que las personas no robaran o agredieran no por la probabilidad real de ser sancionados, sino porque sus convicciones personales le impiden robar, corromper, agredir, etc., etc… lamentablemente, también en la formación de valores, evidentemente, estamos fracasando.

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A partir de lo que está sucediendo, debiera revisarse tanto el entramado institucional, es decir, normativo como organizacional para que fuera eficaz sin vulnerar los derechos fundamentales de las personas ni tampoco para satisfacer los egos personales de quienes sean titulares en ese momento de las instituciones.

Finalmente, las personas que se asignen en las funciones a cargo de esas organizaciones o instituciones deben tener la formación y convicción de servir al público, en lugar de fungir de cotos de poder o el pago de prebendas, canonjías o patentes de corzo, tal como ha sucedido a lo largo de la historia institucional en nuestro México.

Las instituciones deben ser evaluadas con un mayor rigor a partir de criterios objetivos de calidad y los casos más sobresalientes deben servir de ejemplo positivo a la sociedad, más que de la ineficacia, ineptitud o corrupción.

Cada día que pasa, en el que se olvide lo que sucede, sin que se supervise de manera eficaz el marco institucional y organizacional y, en su caso, se denuncie en forma sistematizada la ineptitud y corrupción, la sociedad en general sufre las consecuencias que abarca a todos sin distinción.

 

@asalinastorre