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Son las instituciones

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El resurgimiento de tendencias autoritarias pone en riesgo la prosperidad de millones de personas alrededor del mundo. 

Sea desde la toma de decisiones asumidas en las instancias del poder o desde la plataforma electoral, los sistemas de libertades sociales y derechos individuales construidos durante décadas para evitar el abuso de la autoridad, hoy se encuentran bajo una amenaza cada vez más marcada. Las sociedades no deben estar a merced de corrientes como el populismo, sea de izquierda o de derecha, porque en cualquier caso éste capitaliza el descontento de los votantes, pero termina imponiendo a una élite gobernante con privilegios sobre el bienestar del resto de la población. La experiencia muestra que el único antídoto efectivo es el contar con instituciones sólidas.

El desempeño de toda institución está influenciada por el perfil ideológico, prioridades y promesas electorales de la persona o partido que las encabeza. Un conjunto institucional sólido hace prevalecer criterios técnicos de política sobre la ocurrencia del gobernante, impone barreras a deseos desmedidos de poder como consecuencia de un efectivo sistema de pesos y contrapesos, así como establece procesos predecibles porque es sólo la ley —más no la voluntad de una persona o camarilla—, quien determina tanto los márgenes de maniobra como el alcance de la movilización de los recursos disponibles por parte de los políticos, al definir la delimitación de competencias según el cargo de elección popular que cada uno de ellos ejerza.

En el continente  existen dos experiencias de corte autoritario, las cuales nos permiten contrastar los potenciales efectos negativos de las decisiones del poder, cuando éstas se producen en entornos institucionales robustos frente a las asumidas en sistemas débiles. Me refiero a los casos de EU y de Venezuela. En el primero, apenas con cien días de mandato, la viabilidad de la agenda nacionalista de Trump ha topado varias veces con pared, ya sea a partir de las resistencias ofrecidas desde la trinchera bipartidista del Congreso de EU o derivadas de las revisiones elaboradas por el Poder Judicial. Cabe recordar las frecuentes derrotas legales de Trump en su objetivo de incrementar los controles migratorios. Criterios que distintos jueces de ese país han dejado sin efecto por ser restricciones discriminatorias, contrarias al derecho de EU de recibir visitas familiares y nocivas al crecimiento económico, dadas sus implicaciones negativas en el turismo.

A la derrota legal, Trump sumó una política este fin de semana. El Congreso de EU le negó fondos financieros para la construcción del muro fronterizo con México, además de imponerle medidas explícitas que le impiden usar otras bolsas presupuestales para tal fin. El acuerdo legislativo no considera mayores recursos para actividades de deportación ni recortes a las transferencias federales a las llamadas “ciudades santuario” que se resisten a la detención de migrantes sin documentos. Tres amenazas sistemáticas de Trump, que gracias a la acción del sistema institucional de contrapesos, quedan en declaraciones.

Venezuela ofrece la otra cara de la moneda. El vacío institucional de esa nación no tiene comparativo en la región. Nicolás Maduro quebranta el orden constitucional sin que exista poder interno alguno, capaz de hacerle cumplir las reglas elementales del juego democrático. Sólo así puede explicarse su impunidad en imponer un gobierno basado en el uso autoritario de sus Fuerzas Armadas y en el control de otros órganos de Estado. La falta de una institucionalidad robusta, le ha facilitado desconocer al Legislativo, gobernar con base en decretos de emergencia e ignorar el calendario electoral marcado en la ley y los procesos de destitución democrática de autoridades.

Ayer, Maduro mostró una nueva página de las prácticas que deben ser desterradas de la región. Mientras reprimía con gases lacrimógenos una manifestación pacífica, dio a conocer la creación de una Asamblea Nacional Constituyente con capacidad para disolver poderes públicos y formular una nueva Constitución. Ignora la demanda interna de realizar el referéndum revocatorio y la exigencia internacional de sujetarse al marco legal democrático.

Es necesario refrendar el valor de las instituciones como vía para garantizar el futuro próspero de las sociedades y el respeto a los derechos de las personas. La crisis de Venezuela y los contrapesos del sistema político de EU son fotografías sobre las cuales debemos reflexionar en lo que buscamos en nuestro sistema institucional.