Diez millones

Por un 2017 más democrático

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Cierra un año adverso para el sistema democrático interna-cional y las economías de libre mercado. 

La opinión pública en distintas partes del mundo se encuentra descontenta con el desempeño de sus gobiernos, los cuales han sido incapaces de mostrar tasas de crecimiento económico acordes con las necesidades de empleo y bienestar de la población. En otros países, a los votantes se les niega el acceso a las urnas para preservar regímenes autoritarios, que han llevado a sus sociedades al retroceso en los indicadores más sensibles de política social. México no es ajeno al contexto mundial. Se acerca a una serie de citas electorales durante 2017 y 2018, donde los electores exigen más de sus autoridades y se encontrarán con una alternativa populista que podría conducirnos a los escenarios de riesgo observados con preocupación en distintas regiones del planeta.

2016 fue un año con números rojos en materia democrática. Hasta los sistemas más consolidados dejaron ver el débil respaldo social con el que cuentan. Este año para sorpresa de muchos, con el triunfo del Brexit Gran Bretaña abandonó su liderazgo en el mercado común llamado Unión Europea. Asimismo, apostó por el cierre de sus fronteras mediante una política xenófoba antimigrante, en el objetivo doble de hacer crecer su economía y fortalecer su seguridad ante las amenazas terroristas del Estado Islamico. La lógica de Estados Unidos con la reciente elección presidencial de noviembre no es muy lejana a la descrita. Amplios sectores marginados del crecimiento económico, en una sociedad que sufre cada vez mayor desigualdad en el ingreso y molesta con las minorías de migrantes por la competencia en las reducidas fuentes de empleo, le dieron la espalda a una de las candidatas mejor preparadas y a uno de los presidentes más populares en la historia de la primera potencia mundial. El descontento de la opinión pública en ambos países se volcó por fórmulas equivocadas. Como consecuencia, se vive ya el inicio de un periodo de volatilidad en el sistema cambiario e inestabilidad en las definiciones de las inversiones extranjeras directas, lo que alentará aún más la ansiada recuperación de mediano plazo de la economía mundial.

La democracia latinoamericana tiene también sus adversidades. Tras la destitución de Dilma Rousseff por el Congreso en agosto pasado, Brasil deberá depurar un sistema político desbordado de corrupción para darle mayor estabilidad a su sistema de gobierno. Mauricio Macri y su administración habrán de demostrarle a los argentinos que una administración de centro derecha es viable, tras más de una década de populismo dominado por la pareja Kirchner-Fernández. Raúl Castro en Cuba podría ser la mayor resistencia en la isla para abrir su sistema a la democracia después de medio siglo de un totalitarismo más justificado en el bloqueo estadunidense que en el bienestar de su gente. Asimismo, uno de los agravios mayores a los sistemas democráticos sigue vigente: la persistencia de Nicolás Maduro como presidente de Venezuela. Un jefe de gobierno impopular, obligado a gobernar por decreto al margen de la legalidad, ha negado a los ciudadanos someter la continuidad de su mandato a un referéndum, a pesar que la oposición cumplió con los requisitos de ley.

México no puede ser indiferente a las consecuencias de las malas decisiones en la arena electoral ni a los efectos devastadores de las políticas populistas. Las experiencias internacionales de los últimos meses nos deben llamar a la reflexión del país democrático que deseamos construir para la siguiente generación. El reto es mayúsculo si consideramos la debilidad del entorno económico, la falta de resultados de las reformas estructurales, las malas gestiones estatales y una clase política que en lo general es percibida como lejana de los ciudadanos. El futuro de México está en la calidad de sus instituciones, no en criterios de política fallidos que canalizan el malestar con efectividad, pero llevan a la sociedad al retroceso. Por ello hagamos un 2017 más democrático, que establezca los incentivos adecuados en la mejora de la toma de decisiones de los tres órdenes de gobierno y promueva la colaboración entre los distintos sectores.