Diez millones

La dirigencia del PAN, a contracorriente

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La dirigencia de Acción Nacional navega en dirección contraria a las expectativas del panismo y de millones de mexicanos

Mientras la sociedad exige voz y transparencia a sus políticos, quienes controlan los destinos del PAN han decidido hacer oídos sordos a los llamados de liderazgos, a comprometerse con someter las decisiones más relevantes a la voluntad ciudadana, a establecer reglas claras  que aseguren el cumplimiento de objetivos colectivos sobre proyectos políticos personales y a tomar todas las medidas necesarias, de equidad y uso de recursos, para garantizar un clima de unidad dentro del PAN como requisito básico de liderazgo en el Frente Ciudadano por México.

La dirigencia del PAN optó por mantener su estrategia inamovible, una estrategia que sólo una minoría conoce, y el partido ha comenzado el pago de costosas facturas. Entre las más lamentables: la renuncia de Margarita Zavala a su militancia. No sólo por sus aportaciones a la construcción del PAN, sino porque su salida pudo ser evitada con una disposición de diálogo por parte de Ricardo Anaya, cualidad distintiva de todo dirigente de partido con vocación democrática. Los problemas en el PAN, también, se presentan en otras áreas sustantivas: los estatutos se encuentran en entredicho, el padrón de afiliados es poco confiable, la imposición de candidatos ha dejado de ser una receta infalible en la definición de victorias, las medidas populistas de la dirigencia dejaron sin empleo a panistas con la camiseta azul bien puesta en momentos difíciles, además de encontrarnos inmersos en una profunda división interna que conlleva consecuencias negativas en el debido funcionamiento del Congreso de la Unión.

Estas razones, junto con algunas más, han hecho perder competitividad al PAN frente a los ojos ciudadanos. Los resultados sobresalientes en las elecciones estatales de 2016, conseguidos a partir de un destacado esfuerzo de candidatos y militantes por convencer a amplios segmentos de votantes de sus comunidades, no fueron replicados este año porque la lógica de intereses de grupo dominó sobre los colectivos. Con ese antecedente en los estados y los últimos acontecimientos en la antesala de la contienda federal, el CEN está obligado a convocar a una reflexión que corrija cuanto antes la ruta del PAN. Hay tiempo, pero el margen de maniobra es más reducido. La toma urgente de decisiones debe girar hacia dos puntos principales. Primero: reconstituir el consenso interno. Resulta por demás pertinente sentar a los distintos liderazgos del partido, sean estos gobernadores, panistas destacados y aspirantes presidenciales, a dialogar con total apertura sobre los planteamientos estratégicos del partido, los términos de adhesión al FCM y la orientación del conjunto de recursos a disposición del PAN. Es imposible aspirar a la unidad cuando decisiones fundamentales son mantenidas en secrecía, conocidas a través de la prensa o a partir de militantes de otras fuerzas políticas. Por ello, se requiere un método de decisiones colegiadas que evite mayores rupturas y favorezca la cohesión de quienes pensamos distinto, pero nos alienta el mismo ideario panista.

Segundo: el Frente Ciudadano debe dejar de ser un simple membrete para convertirse en un instrumento de verdadero poder de la sociedad. Ello implica abrir las definiciones a los distintos liderazgos de los partidos que lo integran, más allá de sus propias dirigencias, así como asegurar de una vez por todas a que, sin vetos ni exclusiones, cualquier persona con aspiración a liderar la transformación desde la Presidencia pueda ser elegido como candidato del Frente en el marco de una elección nacional, abierta y democrática. Las dirigencias del PAN, PRD y MC necesitan ser consecuentes con el discurso de inclusión, si lo que desean es un Frente con capacidad competitiva. Es relevante no sólo abrir la puerta a partidos como el Panal, sino a toda organización ciudadana que desee sumar al cambio de rumbo en el país. Si por el contrario, en la conducción del FCM sigue predominando la cerrazón por parte de los líderes partidistas, con la determinación de apostar por un candidato presidencial impuesto por dedazo o encuestas amañadas e ignorando la voluntad ciudadana, habrá un contendiente más en la boleta, pero no un presidente constitucional. Sería una irresponsabilidad el no ofrecer, desde el panismo, una alternativa viable al cambio de rumbo del país en un momento tan delicado como el de ahora. Para ello, se necesita una modificación sustantiva en la ruta de navegación política de la dirigencia nacional, consecuente con la historia del PAN y su lucha democrática. Los siguientes días serán cruciales para observar la voluntad de darle vuela al timón.