Diez millones
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Partidos surrealistas vs. las necesidades ciudadanas

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Desde el 19 de septiembre, México ha observado una fuerza ciudadana ejemplar. Son millones quienes, en la mejor expresión de solidaridad,  se movilizaron para realizar labores de rescate, provisión de insumos esenciales y atención a víctimas del sismo.

Como sociedad lamentamos el fallecimiento de cientos de personas, compartimos la incertidumbre de miles de familias que han perdido su patrimonio y nos preocupa el momento del país. El dolor colectivo es reconfortado a partir de la labor sin descanso emprendida por ciudadanos, Fuerzas Armadas y expertos en protección civil que han decidido tomar las riendas de la situación con el fin de recobrar la normalidad de las comunidades asentadas en  seis entidades que se vieron afectadas por lo ocurrido.

Si aspiramos a la recuperación, los mexicanos deberemos hacer prevalecer este ánimo social en otra etapa distinta, pero igual de desafiante, me refiero a la reconstrucción de viviendas e infraestructura. El reto es mayúsculo si consideramos tan sólo dos botones de muestra. Según información oficial, en la capital del país se han detectado de manera preliminar al menos mil inmuebles con potenciales daños estructurales, así como en Oaxaca se contabilizaron más de 51 mil viviendas afectadas en la región del Istmo, por los sismos ocurridos durante el presente mes. Las tareas de recuperación sólo serán cumplidas de manera exitosa con la participación unida de autoridades y ciudadanos. Para que el ánimo social prevalezca, se requieren garantizar condiciones mínimas de certidumbre entre los actores públicos, privados y sociales, no sólo en la conjunción de esfuerzos en las metas de corto plazo, sino en la conciencia que una vez hecho patente los espacios de oportunidad de nuestro sistema de protección civil, sabremos aprender de esta dura lección para evitar pérdidas mayores en el futuro. Enlisto aquí las tres principales.

Primero, asegurar la adecuada asignación de recursos. Las fuerzas políticas representadas en el Congreso de la Unión se pronuncian a favor de reasignaciones en el Presupuesto de la Federación 2017, que podrían ser del orden de 50 mil millones de pesos; diversas organizaciones financieras y corporaciones internacionales han expresado la transferencia de importantes recursos tanto económicos como en especie, al tiempo que personalidades deportivas y artísticas convocaron en redes sociales a loables esfuerzos de recaudación para respaldar a los afectados. Todo ello sumará una bolsa de apoyo nunca antes vista en México, la cual merece ser ejercida con la mayor de las eficiencias, de forma que no dé lugar a la concentración de beneficios en un puñado de poblaciones afectadas ni a la evolución de esfuerzos desarticulados. Para ello será esencial que el Sistema Nacional de Protección Civil, de la mano de las organizaciones ciudadanas, establezca los mapas de necesidades y promuevan las rutas de la acción colaborativa, sin menoscabo de la autonomía de cada iniciativa.

Segundo, los partidos deben ser consecuentes con la altura de miras mostrada por la ciudadanía. Es una pena la demagogia y el protagonismo fuera de lugar emprendidos por los distintos institutos políticos, dispuestos a politizar la emergencia con supuestas donaciones de dinero que no es suyo, sino de todos los mexicanos. Su compromiso con la sociedad debiera ser similar a los recursos aportados con cargo al bolsillo personal o familiar de millones de mexicanos, a partir de un esfuerzo de recaudación masiva entre sus militantes. Sin olvidar la existencia de mexicanos afines a partidos políticos que están pasando por un momento complicado como producto del sismo, si consideráramos de manera hipotética una colecta nacional donde cada uno de los casi 11 millones de militantes registrados de manera oficial por los partidos nacionales ante el INE donara en promedio una cantidad razonable de 300 pesos se podrían conseguir más de 3 mil 363 millones de pesos que sí tienen como origen sus propias capacidades. Por el contrario, los mexicanos nos encontramos insertos en propuestas hechas al aire con fines proselitistas, cargadas de populismo como la transferencia discrecional de recursos o recortes en acciones de gobierno, entre otras, sin tener viabilidad legal, mitigación de riesgos o bajo mecanismos que dificultan la transparencia en la distribución de los recursos.

Tercero, de no ser por Protección Civil, hoy México lamentaría un mayor número de muertes. Sin embargo, el sismo del  día 19  ha dejado ver importantes espacios de oportunidad en la regulación y supervisión de nueva obra. El país necesita adecuar su marco normativo y figuras de control para que el bien superior de la vida de las personas domine sobre los intereses comerciales de grupos inmobiliarios. En ese sentido resulta pertinente instrumentar mecanismos de información pública, donde los usuarios de vivienda o aquellos interesados en la compra de un bien inmueble, puedan consultar la reputación de constructores o tener la certeza de que los edificios se encuentran en condiciones estructurales aceptables. Situaciones dolorosas como los colapsos de vivienda construida de manera reciente o la ocurrida en el colegio Enrique Rébsamen, dan pauta de irregularidades en la construcción y en la supervisión, que como sociedad no nos podemos permitir.