Diez millones

Sí al diálogo y no a expulsiones

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La reciente elección del presidente del Senado es el último capítulo de un largo proceso de desgaste al interior del Partido Acción Nacional

Un largo proceso caracterizado en lo general por la ausencia de política, de construcción de consensos y de generosidad para identificar los espacios de entendimiento mínimo sobre los cuales hacer abandonar al PAN la ruta del conflicto interno, y retornarlo en unidad partidista a la consecución de los más legítimos intereses ciudadanos que exigen un nuevo rumbo de país.

El PAN nunca se dio a la tarea de promover una agenda estratégica de consenso interno, sobre la cual potenciar su papel de partido opositor y alinear, en consecuencia, el trabajo de sus liderazgos partidistas y legislativos en ambas cámaras del Congreso de la Unión. Mucho menos, quiso someterse a un proceso de reconciliación tras la derrota en la elección presidencial de 2012, que le llevara a una vuelta de página propositiva de esa compleja situación. Hoy los panistas estamos pagando los costos de ello, justo en un momento donde la sociedad exige la más alta responsabilidad política.

La elección del presidente del Senado lo muestra con toda precisión. En cuanto a la ausencia del planeamiento estratégico; primero, la dirigencia del Partido Acción Nacional pide a sus diputados federales el votar en favor de una ley, la cual incluye un artículo transitorio que le permite a quien se desempeñe como procurador general de la República el convertirse en el primer titular de la Fiscalía General. Esta minuta es frenada por el propio Partido Acción Nacional y otras fuerzas políticas en la Comisión de Justicia de la Cámara de Senadores. Segundo, conociendo la potencial entrada en vigencia de ese transitorio, el Partido Acción Nacional, en momento posterior, se pronuncia en favor de la propuesta de procurador enviada por el Ejecutivo federal y, tercero, el Partido Acción Nacional rechaza hoy el pase directo del actual procurador a fiscal general. Situación totalmente evitable de origen, si la dirigencia nacional hubiera contado con una agenda estratégica conocida y avalada por todos los liderazgos.

Del lado de la falta de reconciliación, cinco senadores panistas, tan valiosos como el resto de sus compañeros y que además cuentan con una trayectoria en la administración pública de primer orden, son amenazados de expulsión de su partido por conseguir —nada menos— que la presidencia de los senadores para el Partido Acción Nacional, cuando existía en ese momento el riesgo inminente de quedar en el Revolucionario Institucional con el control de las mesas directivas de ambas cámaras federales en un año político crucial en las definiciones políticas. Aun salvaguardando los intereses del Partido Acción Nacional no sólo estos cinco senadores son acusados, sin fundamentos, de traición por la dirigencia nacional y su coordinador parlamentario a través de los medios de comunicación, sino de haber pactado con el Partido Revolucionario Institucional la llegada de Raúl Cervantes como primer titular de la Fiscalía General sin siquiera darles la oportunidad de debatir al interior del partido las razones de sus decisiones. ¿Qué impide a los panistas avanzar juntos?

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El Partido Acción Nacional merece un diagnóstico profundo y una rápida toma de decisiones para aliviar agravios, reencauzar la ruta hacia 2018 y ser consistente con la oferta de cambio planteada frente a la sociedad mexicana. En ese camino resulta obligado identificar por qué las diferentes instancias internas no dirimen con efectividad el conflicto entre las partes ni propician los consensos necesarios en torno a la línea política del partido. También, el verificar si los coordinadores parlamentarios despiertan el consenso al interior de sus grupos y si se encuentran alineados con los intereses superiores de Acción Nacional.

Por encima de ello, el rol que desempeña el presidente del Partido Acción Nacional es fundamental. En su gestión no caben indefiniciones políticas. Ricardo Anaya debe plantear, con toda seriedad, el alcance de sus aspiraciones políticas de corto plazo y estar abierto a valorar cómo una búsqueda personal por la candidatura presidencial interfiere en la debida conducción del partido. Lo acontecido en el Senado puede ser apenas, el primero de varios avisos sobre la pérdida de competitividad del Partido Acción Nacional, un lujo que, al margen de diferencias políticas, no se puede dar el presidente del partido.

En Acción Nacional no hay lugar para las expulsiones, sí para el diálogo, pero sobre todo a la unidad.