Diez millones

Terrorismo y retos multilaterales

Ratio: 0 / 5

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado
 

A los actos terroristas de Barcelona y Cambrils, como los ocurridos en otras zonas del mundo, no hay más respuesta que la solidaridad y la condena por el dolor generado a los familiares de las víctimas, así como el trastorno a la vida de comunidades enteras 

Por eso toda forma de violencia homicida dirigida a despertar terror, pérdida de libertades ciudadanas y debilitamiento de la convivencia democrática se condena sin cortapisas. Tanto en la construcción de la paz mundial, como de la prosperidad de las sociedades nacionales, las ideologías extremas —sean ocasionadas por motivos religiosos, políticos o sociales— no tienen cabida porque además del agravio que constituyen al derecho más elemental del disfrute de la vida, resultan estériles en la búsqueda de una nueva forma de convivencia armónica que resuelva los obstáculos de un orden justo e incluyente.

España supo enfrentar con valentía la amenaza de la célula terrorista que atacó Barcelona y Cambrils. Las instituciones de seguridad, la sociedad y los partidos españoles nunca bajaron la guardia frente a los hechos donde perdieron la vida 15 personas inocentes, se hirieron en distinta gravedad a un centenar más y que iniciaron una carrera a contrarreloj en la autoridad ante la posibilidad de desencadenarse en la región otros actos de terror por parte de la misma célula radical.

Fue una respuesta modelo porque los ciudadanos se volcaron a la atención de las víctimas en los lugares de los ataques, a donar sangre de manera masiva en los centros hospitalarios donde se atendió a los heridos, a solicitar en redes sociales el evitar difundir material audiovisual que pudiera lastimar la dignidad de las personas y aumentar la publicidad del acto terrorista, así como a vigilar sus entornos comunitarios, lo cual por cierto llevó a la denuncia ciudadana que permitiría la inhabilitación de Younes Abouyaaqoub, señalado de manejar la camioneta sobre la multitud en La Rambla de Barcelona.

Es también ejemplar el desempeño de las instituciones de seguridad, en especial el de la policía catalana Mossos d’Escuadra, quien en un periodo oportuno de tiempo logró explotar trabajo de campo e inteligencia para identificar y desarticular la célula yihadista conformada por una docena de presuntos terroristas, tender puentes efectivos de comunicación con la sociedad a fin de recibir información valiosa del entorno, pero, sobre todo, hacer del principio de la mayor transparencia posible, eje central de su política de persecución criminal. El uso dado a sus cuentas en redes sociales debe dar lugar al aprendizaje institucional para casos de violencia terrorista.

Del lado del sistema político, el debate público español ha estado marcado en meses recientes por el desencuentro entre los partidos más importantes representados en las cortes generales y el movimiento que busca la independencia de la región catalana. Los hechos de Barcelona y Cambrils han dejado de lado esas diferencias para salir de la crisis generada por el ataque terrorista. Será interesante observar la evolución de dicho debate en esta coyuntura, así como las medidas que asumirán las cortes para perfeccionar los instrumentos del Estado español en la persecución de las actividades criminales vinculadas a grupos extremistas, en el marco de otras profundas divergencias existentes entre los partidos políticos nacionales.

Nutriseg-termometro-cooper-1246-02c

El perfil de los presuntos terroristas identificados por las autoridades de ese país europeo deja ver que de poco sirve el cierre de fronteras a la migración, en el objetivo de preservar la seguridad de las comunidades. Según los reportes de prensa, los jóvenes integrantes de la célula eran de origen familiar extranjero, pero la gran mayoría de ellos, si no es que todos, tenía ya años de vida personal consolidada en España a pesar de su joven edad, corroborado por los propios relatos de testigos que los conocieron en la relación cotidiana dada entre vecinos de barrio, amistades personales o usuarios de los mismos centros educativos. En este sentido, tanto en España como en cualquier otra nación, las principales amenazas a la vida y las libertades de las personas pueden no provenir de un país distinto, sino ser consecuencia de las condiciones sociales imperantes al interior de su propio territorio.

De igual forma, el discurso del odio resulta obsoleto en la mejora de las condiciones de seguridad. Éste inhibe la cohesión comunitaria necesaria para encontrar formas pacíficas de resolución de conflictos. El ejemplo más ilustrativo son las expresiones de racismo observadas en Charlottesville, EU, alentadas, en gran parte, por el discurso de polarización impulsado en la estrategia política de la administración Trump. Por eso, debe celebrarse también la actitud de las autoridades catalanas en particular, y de las europeas en lo general, a llamar consistentemente a la tolerancia en la convivencia social, porque el odio es “cómplice del terrorismo” y es lo que buscan quienes lo ejercen.

Por lo mismo, emprender discursos de odio y cierre de fronteras parecen ser rutas inacabadas de solución al reto del terrorismo. El darle la vuelta requiere de respuestas mucho más complejas que pasan por darle mayor efectividad al sistema multilateral, de forma que las regiones encuentren no sólo canales diplomáticos efectivos en la conciliación de intereses antagónicos, sino el entendimiento del papel de las ideologías en el comportamiento de los individuos y las condiciones que les lleva a atentar contra sus propias comunidades. Sólo así las políticas públicas nacionales y la cooperación multilateral serán plataforma de la seguridad duradera.