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Trump, la última llamada

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El nombramiento del general estadunidense John Kelly —nuevo jefe de gabinete de la Casa Blanca— es la última llamada del presidente Donald Trump para recuperar la credibilidad sobre su administración 

A casi siete meses de haber rendido protesta como mandatario, a la primera potencia mundial no le distingue el clásico debate entre republicanos y demócratas, tampoco los cambios radicales de la política pública amenazados desde la última campaña electoral. Sí le marca el escándalo y la confrontación de quienes componen el primer círculo de confianza presidencial, dañando la confiabilidad de EU.

En los gobiernos democráticos, el buen funcionamiento de la Oficina del Presidente (OP) es vital. A diferencia de las secretarías, sólo esta instancia tiene una perspectiva de 360 grados sobre los riesgos del país, por lo cual se convierte en un puente de comunicación entre los objetivos de política del mandatario y las restricciones observadas por los cuerpos técnicos ubicados en las diferentes instituciones públicas, o bien por las fracciones partidistas en el Legislativo.

En esas relaciones intensas,  la OP es la única instancia con posibilidad de encontrar las alternativas de solución en los procesos de toma de decisión o de resolver controversias entre integrantes del gabinete. El valor institucional de la OP para el funcionamiento del gobierno puede hacerse nulo ante varias condiciones. Primero, cuando impera el desorden en los procedimientos. Las crónicas de la prensa de EU dan cuenta de la falta de un proceso de construcción coherente de las recomendaciones que llegan a la Oficina Oval. Incluso, se han dado descalificaciones ante los medios de comunicación entre integrantes del staff. El análisis deja la impresión de que al Presidente se le pueden acercar una serie de voces antagónicas, sin que medie un adecuado proceso de deliberación interna donde se sustente las ventajas o los retos de optar por alguna de las rutas críticas propuestas sobre el escritorio presidencial. La falta de control y rendición de cuentas interno ha generado filtraciones a la prensa. Tras la difusión pública de la conversación telefónica entre Trump y Peña Nieto, ¿qué otro mandatario querrá tener una conversación con EU por la misma vía?

Segundo, cuando a la OP se le desprecia su vocación técnica. Desde el inicio de la administración Trump ha quedado manifiesta la guerra intestina entre los cuadros de política pública —muchos de ellos ya separados no sólo de la Casa Blanca, sino de otras instancias como el Departamento de Estado— y los asesores del mandatario que además de carecer de experiencia en gobierno, no parecen contar con el conocimiento de la materia bajo su responsabilidad. Quizá, los dos ejemplos más claros fueron las fugaces incorporaciones de Bannon al Consejo de Seguridad Nacional, así como de Scaramucci a la Dirección de Comunicaciones de la Casa Blanca. En ambos casos la Casa Blanca pagó altos costos, por un lado, con el enfriamiento de las relaciones entre el mandatario y la comunidad de inteligencia; mientras por el otro, con un mayor desgaste en las relaciones públicas de la Presidencia con los medios.

Tercero, la incertidumbre en la cadena de mando institucional. La familia Trump desempeña roles que desplazan a los titulares del gabinete y los cuadros de asesoría a disposición de la administración, lo cual margina la especialización técnica sobre los lazos afectivos, además complica la interlocución con actores externos. Tanto la agenda internacional de Kushner, como la filtración de la  llamada entre los presidentes de México y EU, dejan ver el importante rol que por encima de las instituciones tiene el yerno del mandatario. Sin olvidar la participación de Ivanka Trump en reuniones de gabinete, así como en una junta de líderes del G20. Una eventual salida del general Kelly sería desastrosa para Trump. El nuevo jefe de gabinete ha empezado a ordenar la casa, solicitó la salida de Scaramucci y pidió ser filtro de los puntos de vista de Kushner e Ivanka antes de ser expuestos al Presidente, además de establecer procesos de decisión congruentes. Si el general no encuentra receptividad en el círculo cercano del mandatario y decide retirarse, o si éste es despedido en el corto plazo, significaría la persistencia de un presidente dispuesto a mantener el caos en la toma de decisiones y a obviar la certidumbre ofrecida por los cauces institucionales. Algo por demás delicado al observar la compleja agenda internacional, pero, sobre todo, las implicaciones que para México tendría ese caos en el contexto de las negociaciones sobre libre comercio y seguridad bilateral.

NOTA AL MARGEN: El equipo de Rafael Moreno Valle estuvo listo desde el primer ofrecimiento de Ricardo Anaya, en noviembre de 2016, para compartir el tiempo oficial de los spots publicitarios del PAN. Sin embargo, no hubo mayor disposición de Anaya hasta que diez meses después, su oficina mandó un guión sin sentido y a tan sólo algunos días que entraran en vigor los nuevos lineamientos del INE, lo cuales prohíben la aparición de liderazgos políticos en esos espacios. Así las condiciones de equidad en el PAN.