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Morena no es opción de cambio

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Existen pocos consensos tan bien definidos en la sociedad mexicana, como la urgencia de dar un golpe de timón al rumbo del país

Los ciudadanos en los más diversos puntos del territorio, sin importar su condición socioeconómica, tendencia ideológica o nivel educativo alcanzado, se muestran insatisfechos con los criterios de política que guían la toma de decisiones públicas, reprueban el funcionamiento de las instituciones y son escépticos de las perspectivas sobre mejoras potenciales en su calidad de vida. Una aplastante mayoría exige un cambio de fondo que comience a dar solución efectiva a los problemas nacionales.

Esta intención colectiva queda asentada de manera reiterada en las distintas encuestas difundidas en los medios de comunicación, incluso, se refuerza a partir de ejercicios cuantitativos especializados, como la Encuesta Nacional de Seguridad que es realizada por el Inegi. En ella, el sentimiento de inseguridad tuvo “un cambio significativo” al alza en comparación con los dos últimos levantamientos —de acuerdo con el propio Instituto— al alcanzar a casi 75% de la población entrevistada. Cito este ejemplo para hacer visible una percepción pública que de igual manera se manifiesta con dureza en el campo de la economía, la integridad, el desarrollo de infraestructura o el combate a la pobreza.

Por el contexto descrito, la elección presidencial de 2018 trasciende a la simple elección de quien habrá de sustituir por un nuevo periodo al titular del Ejecutivo federal. El proceso constitucional del próximo año es la gran oportunidad de catalizar la frustración ciudadana, hacia la consolidación de un cambio que reactive la suma de esfuerzos en la construcción de un mejor México. En esta fase, le resultará cuesta arriba al PRI el presentar una alternativa fresca, distinta a la inercia actual y que le sea creída por un amplio sector del electorado. Más aún si consideramos que el último tren de las soluciones a los problemas del país, lo perdieron hace tiempo.

Ante ello, todo hace prever que los mexicanos habrán de tener dos opciones reales en la boleta electoral para su valoración: Morena, cuya razón de existencia es la eterna aspiración presidencial de López Obrador, frente al PAN, formado en el interés histórico de dar un sentido distinto al funcionamiento de las instituciones y, con ello, impulsar las transformaciones necesarias con estabilidad, apertura y responsabilidad. El debate público ha querido equiparar al PAN y a Morena como las puertas posibles del cambio en 2018. Sin embargo, debemos decirlo con todas sus letras: Morena no representa el cambio. No constituye la ruta a un futuro mejor, sino es una opción más del regreso a lo peor de nuestro pasado.

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El pilar fundamental del México próspero es un gobierno enraizado en una profunda cultura democrática. Variante de cultura política de la que Morena carece. No sólo está vigente la renuencia de López Obrador a la pluralidad y la transparencia, sea en su rol administrativo o de dirigente partidista, sino da muestra reiterada de sus tendencias autoritarias. De lo contrario sería difícil comprender sus alianzas con quienes, por años, blindaron al régimen de partido único en México y persiguieron la más mínima expresión de oposición en México; o la comodidad con la que se desenvuelve su círculo partidista en la representación diplomática y foros políticos venezolanos de Nicolás Maduro.

También la plataforma de Morena es el lugar común de la ocurrencia. Asegurar la honestidad por decreto, eliminar los exámenes de admisión a las universidades públicas, extinguir al EMP y poner la industria energética a referéndum, entre un amplio listado de propuestas sin viabilidad técnica ni financiera, muestran los riesgos de un candidato y un equipo asesor sin mucha idea de lo requerido en 2018.

Acción Nacional tiene la gran responsabilidad de refrendar su vocación de agente de cambio. Mostrarle a los mexicanos la “vuelta en U” que en los hechos representa Morena a las aspiraciones colectivas, así como convencerlos de sumarse a la construcción inclusiva de país. Para ello, será necesario abrir el Partido a la opinión ciudadana, dar voz a la militancia y construir un fuerte músculo electoral que derrote todo intento de regresión autoritaria. El PAN es la única alternativa del cambio verdadero en México, ha llegado la hora de comenzar a demostrarlo.