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El PAN y la reflexión necesaria

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Después de meses de un esfuerzo colectivo como sólo se observa en la militancia del Partido Acción Nacional, el pasado domingo salieron a las urnas junto con miles de ciudadanos a refrendar al PAN como agente de cambio social.

Al igual que en toda definición electoral, estos días son cruciales para defender el sentido del voto ejercido y los triunfos panistas obtenidos en los diferentes cargos de elección popular. Es importante subrayar también que los resultados fueron muy distintos a lo esperado. Las expectativas que los diversos estudios de opinión pública daban a este instituto político al inicio del proceso constitucional en dos entidades del país, Estado de México y Coahuila, finalmente no consiguieron consolidarse en los cómputos al término de las votaciones. Como es sabido, en el primero la propuesta panista quedó por debajo del aspirante del PRD y en el segundo, la fuerza de nuestro candidato a gobernador enfrenta el fraude impulsado desde las instancias del gobierno estatal de Coahuila, bajo control de los hermanos Moreira.

Cabe preguntarse ¿qué impidió al PAN acceder a un mejor desempeño electoral en ambos estados, a la par de Nayarit y Veracruz (en este último la capital quedó en manos de Morena)? Debemos tener presente que de sumarse la totalidad de los votos conseguidos por partido en las cuatro elecciones estatales, Acción Nacional consigue el tercer lugar, con un millón de sufragios menos que el Revolucionario Institucional y seiscientos mil votos por debajo del Movimiento Regeneración Nacional. Es momento de apaciguar los sentimientos de algunos panistas respetables, que anticipan desde ahora un inminente arribo a Los Pinos en 2018, cuando esta última experiencia electoral nos enseña la existencia de importantes retos en la organización partidista y los desafíos antidemocráticos del entorno del PAN, a ser resueltos si queremos hacer realidad esa aspiración común.

Ante la conclusión del proceso electoral 2017, resulta por demás pertinente el propiciar una reflexión al interior del Partido Acción Nacional, con el propósito de determinar las áreas de oportunidad e identificar las distracciones que llevaron al PAN a cometer errores. Lo acontecido en el Estado de México es una llamada de atención para los panistas. Los resultados comprueban los costos de marginar a la militancia en la definición de candidaturas. Sin el proceso adecuado, se corren riesgos en la construcción del músculo electoral necesario para derrotar a las alternativas impulsadas por el resto de los adversarios. Del Edomex aprendimos que un alto grado de reconocimiento de nombre y arrancar como partido en posición privilegiada, son condiciones necesarias, pero no suficientes para ganar si éstas no se acompañan de un proceso amplio de consulta a la militancia.

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La recuperación de la Presidencia de la República por parte del PAN debe ser, también, un proyecto más grande que cualquier aspiración personal. Acción Nacional debe trascender a las tentaciones de volcar la toma de decisiones, la operación de sus cuadros directivos y los instrumentos de difusión, en favor de un proyecto personal. Más aún cuando éste desempeña una responsabilidad de dirigencia y se espera de él determinaciones que abonen a la unidad de los panistas, en el marco de una gestión transparente, equilibrada y justa que establezca reglas democráticas aceptables y observables por todos quienes aspiran no sólo a la titularidad del Ejecutivo federal, sino a las gubernaturas, alcaldías y posiciones legislativas a disputarse el próximo año.

En la coyuntura no hay lugar para el autoelogio, sino sólo para el reconocimiento a los miles de panistas con la camiseta bien puesta la camiseta en las elecciones de 2017 y para los millones de ciudadanos que esperan un Acción Nacional más abierto, unido y propositivo en los procesos de 2018. Para ello, será necesario una reflexión de fondo, valorar lo acontecido y establecer los incentivos que nos hagan caminar juntos, en nuestro interés supremo de garantizarle un rumbo distinto a México.