José María Martínez Martínez

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Es momento de alzar la voz en defensa del federalismo, pues año con año disminuye el presupuesto para las entidades y los municipios a causa de la inequitativa Ley de Coordinación Fiscal

Como senador por el estado de Jalisco, entendería que las maltratadas y ninguneadas entidades federativas votaran contra la pretendida reforma política del Distrito Federal. Si se mira detenidamente, no estamos hablando solo de la transformación de una Asamblea Legislativa en Congreso local ni de una mayor autonomía o un cambio cosmético de nombre; mucho menos de la simple eliminación de las delegaciones políticas por la creación de demarcaciones territoriales. En el fondo, estamos ante una autonomía inédita, debido a que el gobierno federal mantendrá la responsabilidad de financiar la educación y los servicios de salud de la Ciudad de México, lo que resulta inequitativo porque ningún otro estado del país recibe un trato similar y son rubros en los que muchos estados asignan gran parte de su presupuesto. Hay estados como Baja California, que invierten hasta 62 por ciento de su ingreso total en educación, o Jalisco, cerca de 50 por ciento, mientras el Distrito Federal nada.

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Mi posición es tan actual y moderna como la vida misma y lo hago desde la perspectiva del humanismo de Efraín González Luna; del pensamiento natural de Rafael Preciado Hernández —que dio pie a la creación de la fundación que lleva su nombre, no en su honor estrictamente, sino para guiar la formación, el mensaje y el pensamiento del PAN—, pues esta es mi formación personal y una de las razones fundamentales de mi participación en política y de mi filiación panista.

Esta formación descarta el que todos seamos buenos o malos, negros o blancos, puros o impuros; antes bien recoge lo mejor de la persona humana: su dignidad. Mi lucha es a partir de aquí, por lo que les digo a quienes en los últimos días han volcado sus energías en mi contra, con amenazas, insultos, etiquetas, descalificaciones o a seguirme e investigarme, que están equivocados; que no son “boberías”. No soy homofóbico, misógino, retrograda o “mocho”,  y no, no se van a encontrar con una persona de doble moral quienes me siguen e investigan, pues no hay hipocresía en mi posición ni tampoco cálculo electoral.

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