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Edomex: nos deben la alianza

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Vivir y hacer política desde la oposición en el estado con mayor peso electoral del país no es fácil. Las reglas escritas y no escritas han sido diseñadas desde el poder y para mantenerlo desde el principio de nuestra historia moderna. No sólo no se han logrado empatar las elecciones de presidentes municipales y Congreso local con las de gobernador —como ya sucede en la mayoría de los estados—, lo que propicia una escasa participación de votantes, sino que el hecho de que esta última suceda justo un año antes de la elección presidencial ha hecho que las decisiones sobre alianzas entre partidos de oposición y elección de candidatos se vean inevitablemente influidas por la dinámica de la elección federal y los intereses de quienes aspiran a competir en ella.

Hace seis años, a estas alturas, después de que una alianza PAN-PRD ganara la gubernatura de Oaxaca con Gabino Cué, había un tremendo impulso a un ejercicio similar en el Estado de México, pero Andrés Manuel López Obrador se interpuso y terminó por ayudar a que el PRI retuviera el estado y ganara la Presidencia de la República. Hoy hay voces dentro del mismo PRD a nivel local que como hace seis años, aun sabiendo que solos no pueden ganar, se oponen a una alianza bajo argumentos que suenan más a pretextos. Por eso celebro que Alejandra Barrales, su presidenta nacional, esté, como Ricardo Anaya, abierta a la posibilidad de construir una opción electoral conjunta que termine con casi nueve décadas de hegemonía priista en el estado.

En el PAN, percibo una amplia mayoría que sin asumir que sólo con una alianza la victoria es posible, entendemos que con ella sería más fácil. El PAN podría ir solo a la elección y aun ser competitivo, el PRD no, pero la suma de ambos y otros partidos daría al candidato o candidata que postularan un impulso tal que prácticamente sería imparable. Se juega mucho no sólo para los partidos, para quienes esta jugada será definitoria para el 2018, sino para los propios mexiquenses, cuyos problemas de décadas inexplicablemente no se han ganado un lugar preponderante en la discusión mediática, pero están ahí.

Solamente esta semana  Alejandro Jaime Gómez Sánchez, procurador de Justicia, reconoció la presencia de células del Cártel Jalisco Nueva Generación detrás de operaciones delictivas en el estado que, sumadas a las de La Familia Michoacana, incrementan la criminalidad y la violencia ya de por sí desbordadas. El Estado de México sigue siendo el número uno en feminicidios y en robo de autos. Los robos a usuarios de transporte público han incrementado igual que las llamadas de extorsión a casa-habitación. Los servicios médicos son insuficientes, la calidad educativa es baja, los servicios públicos son malos y la corrupción es enorme, pero poco se habla de eso. Una amplia participación electoral es fundamental para un triunfo opositor, y ésta sólo es posible si la gente masivamente comprende la dimensión de los problemas y del retraso en el que se encuentra nuestro estado.

Por otro lado, los dirigentes nacionales del PAN y PRD deben creer que una alianza electoral puede ser exitosa más allá de Josefina Vázquez Mota y de Alejandro Encinas, cuya indefinición está comenzando a ser un lastre para los propios partidos que tienen entre sus filas otros cuadros ciertamente no tan conocidos, pero con enormes posibilidades de crecer. La alternancia en el Estado de México y una alianza que la facilite no es sólo una opción electoral más sino una obligación moral de los partidos de oposición para con los mexiquenses. Espero que esta vez los diversos intereses que juegan en este proceso no echen por la borda la oportunidad que tenemos en la mano. Sería otro error histórico. La alianza, nos la deben.