Diez millones

La agenda global del desarrollo a dos años

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Hace dos años, la comunidad internacional determinó un nuevo paradigma del desarrollo, una aspiración sobre cómo queremos que sea el mundo en un futuro no tan lejano y se fijó una ruta para alcanzarla. Esa ruta es conocida como la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y está conformada por los más ambiciosos objetivos (ODS) nunca antes adoptados por todos los países cuyo último propósito es no dejar a nadie atrás.

Las características que definen a esta agenda son la universalidad, es decir, desde los países menos adelantados hasta los más desarrollados no hay uno solo que no tenga retos de desarrollo; y la transversalidad que superó el antiguo concepto de desarrollo, entendido como ausencia de pobreza, estableciendo uno nuevo que lo define como las condiciones para el ejercicio pleno de los derechos de las personas.

La Agenda 2030 está diseñada bajo la idea de que los retos que hoy día enfrentan las sociedades tanto por su complejidad como por su dimensión, son enormes. Además, a diferencia del pasado, cuando los países podían enfrentar de manera individual sus problemas porque generalmente estaban circunscritos a sus fronteras, hoy los retos son globales. El cambio climático que afecta a los pequeños países insulares fue producido por países como Estados Unidos, India o China; los grupos terroristas como EI se nutren de jóvenes franceses o alemanes marginados; y los movimientos migratorios más increíbles como el de los haitianos que cruzaron todo el continente, desde Brasil hasta la frontera mexicana con Estados Unidos, están sucediendo. Los problemas son cada vez más globales y por tanto, sus respuestas no pueden ser más que multilaterales.

Además, la actual reflexión sobre el desarrollo pone énfasis en el vínculo de éste con la paz y la seguridad, porque si bien es cierto que hoy el número de personas en pobreza extrema se ha reducido igual que el número de analfabetas, y que la esperanza de vida ahora es mayor, también es cierto que la educación ya no es garantía de ascenso social, que no hay suficientes empleos y que los salarios son precarios e insuficientes para asegurar el futuro. Esto está afectando principalmente a los jóvenes, acrecentando la pérdida de confianza en los gobiernos y las instituciones, y contribuyendo a la generación de frustración, violencia, conflictos en las sociedades e incluso, está alimentando a la mayor amenaza a la seguridad de nuestros días: el terrorismo.

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De ahí la importancia del cumplimiento de esta agenda de desarrollo, ya que de su avance depende no sólo alcanzar una mayor calidad de vida en lo individual, sino vivir en entornos sociales y ambientales seguros y asegurar la supervivencia de las futuras generaciones. Ésa fue la reflexión general del Foro Político de Alto Nivel sobre el Desarrollo Sostenible que concluyó esta semana en la ONU y que hizo un balance sobre la implementación de varios de los objetivos de la Agenda.

Ahí México refrendó su compromiso con ésta y dio cuenta de lo que estamos haciendo para su implementación en nuestro país, como el hecho de que en el Senado establecimos un Grupo de Trabajo para el Seguimiento Legislativo de los ODS, compuesto por 34 comisiones, cuyo mandato se relaciona con alguno de los objetivos o metas de la agenda. El principal propósito del grupo es institucionalizar el trabajo parlamentario en torno a la Agenda 2030, a fin de que éste trascienda los términos de los mandatos legislativos. Como tarea de corto plazo nos hemos fijado el identificar reformas legales necesarias para el cumplimiento de ésta y presentar las iniciativas correspondientes a la brevedad, además de coordinarnos con la Cámara de Diputados para asegurar los presupuestos necesarios. Dar prioridad a esta agenda es fundamental no sólo para lo que a nivel conceptual sería hacer justa la globalización, sino también para asegurar la supervivencia.