Diez millones

El PAN, se acercan sus definiciones

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El debate en el Consejo Nacional del PAN ha dado mucho de qué hablar. Para quienes militan en el partido –o lo hemos hecho como es mi caso–, no son sorpresa los debates ríspidos. Quizá la novedad está en la vulgaridad de los insultos por parte, ni más ni menos, de un expriista, que como buen converso se siente más panista que los demás para limpiar su culpa política. Más allá de eso, parece que se torna indispensable que Calderón defina su papel como expresidente de la República, como militante de su partido y como apoyo de la campaña de Margarita. No debe ser sencillo hacerlo: los expresidentes del PRI sabían que el silencio sería su casa después del ejercicio. Zedillo la ha ejercido a plenitud; De la Madrid habló ya en sus últimos días, y Salinas solamente se asoma para anunciar que publicó su enésimo libro, sin que a la fecha se logre encontrar a alguien que haya leído entera alguna de sus publicaciones.

Por el lado del PAN, el expresidente Fox decidió que su papel era ser una lengua suelta, decidió votar por el PRI en las pasadas elecciones presidenciales y está fuera del partido. Por su parte, Calderón no parece haber decidido entre el activismo de sí mismo y la distancia de los asuntos públicos. Son dos perfiles completamente distintos, con sus ventajas y desventajas para la persona. Las últimas semanas lo ubican más en la primera que en la segunda, pero todavía puede definir. Al final del día, es una decisión absolutamente personal.

Pero lo sucedido en la reunión panista del sábado pasado es más que un aviso de lo que pasa en un partido en el que el presidente del mismo es juez y parte al mismo tiempo: no hay dónde dirimir los conflictos. No creo que el PAN se vaya a dividir en estos lances, pero sí es evidente que no los sabe procesar correctamente en los últimos tiempos. ¿Se vale que el presidente del partido aspire a la candidatura presidencial? Claro, no hay nada que lo limite. ¿Se vale que se haga de todos los recursos del partido para ello? Ahí empieza el cuestionamiento. Es algo nuevo en ese partido y tendrán que aprender a lidiar con él –por lo menos un mes–. Por supuesto que tiene apoyos legítimos de militantes de su partido –no veo por qué lo fueran a calificar mal– y ya ha tenido tiempo para formar lealtades a su persona. Recordemos lo que dice Michael Ignatieff: “El partidismo premia la lealtad sobre la honestidad, la repetición de los mantras del partido a expensas de la defensa de lo que uno cree”.



El fantasma de la división recorre al PAN recurrentemente. No creo que en este momento eso sea factible. El partido está en elecciones muy reñidas de las que debe de salir airoso y triunfador. Por eso los candidatos en aquellos estados que tendrán comicios llaman a la concentración en los procesos de estas fechas. Así que, por lo pronto, la obligación de quienes militan en ese partido es la unidad y el triunfo en las tres gubernaturas. Muchas decisiones, o pocas, pero de peso, dependen de esos resultados. Por lo pronto, y visto lo sucedido el sábado pasado, muy posiblemente una elección interna sería de conflictos de ese tipo a una escala mayúscula. La división no ha llegado, pero el fantasma ya se asomó.



@JuanIZavala