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Los debates en México, una involución

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El debate de l@s candidat@s a gobernar el Estado de México es la evidencia número 1001 de que los debates que organizan los partidos a través de las autoridades electorales no sirven, básicamente, para nada. Muchos analistas culpan a las autoridades, pero son los partidos los que diseñan los formatos. Están pensados para evadir el debate. La intención no es ganarlos, sino no perderlos. Por eso al final siempre es difícil decir quién ganó.

Los debates electorales en México han tenido una involución. De aquel debate en 1994, entre Diego Fernández de Cevallos, Ernesto Zedillo y Cuauhtémoc Cárdenas, que catapultó al panista, se han ido acartonando hasta llegar a los mamotretos que tenemos hoy en día. De hecho, casi da lo mismo oírlos por radio que verlos por televisión. La imagen ya agrega poco, salvo por la manía de las cartulinas que hacen que parezca una sesión de Plaza Sésamo y no un espacio para planteamientos de política pública y del destino de un estado o de un país. El apoyo gráfico es porque, precisamente, no hay manera de intercambiar puntos de vista y entonces el participante tiene que llamar la atención sobre lo que va a decir de alguno de sus contrincantes, porque es imposible un intercambio directo.

A los candidatos malos para debatir o punteros les conviene que haya muchos participantes, eso diluye la tensión y hace que el espectador pierda la atención. Hay debates de ocho participantes. Así que cuando uno hace un señalamiento pueden llegar a pasar más de diez minutos cuando le toca contestar al aludido. La gente que lo ve ya ni recuerda el ataque. Se trata entonces de monólogos que a nadie importan. Lo relevante para quien participa es no equivocarse. Por eso no es importante que lean o que sean aburridos en su mensaje. En el fondo mientras menos los vean, menos riesgos.

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En el debate del Edomex me parece que la que le puede sacar algo bueno es Josefina. Estuvo frontal –que es lo que la gente espera de este tipo de programas y no propuestas, como piensan los puristas– y repartió parejo. Del Mazo acusó a Josefina de tener relaciones ¡con priistas!, y Delfina se perdió en lo que parece una permanente confusión de la señora (los otros tres no son relevantes). Considero que puede ser que este debate sí tenga consecuencias para la candidata de Morena, pero por un factor extra al debate: el descubrimiento de lo que puede ser una red para conseguir dinero en efectivo para la campaña de AMLO. Eso, aunado a que ella les descontaba dinero a los trabajadores para su partido, le ha generado un problema que le va a durar más de lo que piensa.

Habrá un segundo debate. Podrían hacerlo más atractivo si es nada más con los tres punteros, los que pueden ganar. Eso permitiría un intercambio interesante y por lo menos tendría algo de atractivo. Mientras el debate se dará en los medios con los ataques y defensas.

Por lo pronto, ojalá los partidos se den cuenta que estos programas no sirven ni a la vida democrática ni a los electores ni a sus candidatos.

 

@JuanIZavala