Diez millones

Consideraciones sobre el caso 'Javidú'

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Como si viviéramos tiempos pasados, la credibilidad en los asuntos judiciales en nuestro país está por los suelos. Entre escenificaciones, invenciones y versiones oficiales increíbles, mejor cada quien construye su versión de los hechos. Es lo que pasa en el caso de la detención del exgobernador Javier Duarte, también conocido como Javidú (apodo simpaticón para tremendo corruptazo).

La falta de credibilidad de las instituciones procuradoras de justicia es de décadas, pero en nada abonan las nuevas autoridades. Primero filtran información sobre la enorme cantidad de dinero de la que dispuso el exgobernador para sus negocios: casas, decenas de departamentos en el extranjero y en el país, desplantes de prepotencia, vida de lujo de su familia, enriquecimiento de sus colaboradores cercanos y amistades.

No sólo eso, sino que se construyó toda una historia respecto de la esposa de Javidú, la señora Karime Macías. Sus supuestos diarios en los que hacía referencia a la abundancia y su disposición para ejercer el poder –como lo es el manejo de la comunicación a través de asesores contratados por ella–, la convirtió en una pareja perfectamente alineada con las ambiciones de su marido el gobernador. Una suerte de Bonnie and Clyde jarochos, una pareja hecha para el saqueo, el robo de las arcas públicas desde el gobierno. Ninguno de los dos tenía freno (por lo menos esa es la historia que todos creemos por la información circulada).

Resulta entonces que nos dan a conocer fotos y evidencias de que la familia de Duarte (la esposa y los hijos más otros parientes) fueron a visitarlo a Guatemala y que eso sirvió a las autoridades mexicanas para llegar al paradero de Javidú. Eso no tiene nada de extraño. Es una operación policíaca normal. Pero, ¿por qué no se detuvo a la mujer si las propias autoridades han circulado información sobre su complicidad en el saqueo? ¿Por qué no se detuvo a nadie más que a él? Se entiende que porque es quien tenía ficha de Interpol, pero, ¿no les pareció oportuno registrar con quiénes más estaba? ¿Qué tal que estuviera con un lavador de dinero o con alguno de los exfuncionarios con orden de aprehensión, o que le estaba dando maletas de dinero a John Ackerman, el asesor internacional del Peje? Pues nada más lo detuvieron a él y dejaron en paz a los demás. Eso suena a negociación. No le veo problema si fue una entrega pactada. Creo que lo importante es que ese símbolo de la corrupción está en la cárcel.

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Entonces, ¿para qué contar tantas versiones diferentes sobre su detención? Ayer mismo, Héctor de Mauleón, en El Universal, hacía un recuento de las versiones sobre la detención de Duarte. Él tiene una, Loret tiene otra –columnistas del mismo periódico que las publicaron con un día de diferencia–, y otros tienen la suya. La autoridad ha sido incapaz de dar una sola versión clara sobre el asunto. Es la tierra de abono para el sospechosismo.

Por supuesto que las imágenes del detenido pueden hacer perder el interés en la verdadera historia de la detención. El propio López Obrador ya dijo que Duarte declarará en su contra, pero que “será falso”, lo cual simplemente fijará la atención en las declaraciones de Javidú, pues el nerviosismo del Peje lo delata.

Al final, todo será un desgarriate, pues lo que mal empieza, mal acaba.

@JuanIZavala