Diez millones

Andrés Manuel López Gandhi

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Los comentarios excedidos, las alabanzas y loas de sus fanáticos, son malos compañeros de l@s candidat@as. Es común que quien anda en campaña tienda a exagerar las virtudes de la persona que apoya. Es cuando vienen las comparaciones con grandes personajes de la historia. Uno se asombra cuando oye a los seguidores hablar de sus candidatos. La cantidad de bondades que les ven, las enormes características positivas que pueden ir desde la mirada generosa y visionaria, al carácter apasionado pero magnánimo que le pertenece desde la infancia al personaje en cuestión.

Si bien es cierto que la ambición es parte fundamental de lo que mueve al líder, también lo es la lisonja de sus seguidores, la adulación sin freno ni límite de la cual, muchos, prefieren rodearse al final de la jornada.

El elogio, la hipérbole sobre el jefe, si se hace en público es mejor. Para el lambiscón es motivo de ascenso y de estar en gracia con el poderoso. Se cuenta que en la antigua Roma, mientras los generales victoriosos eran aclamados por la población en los recorridos triunfales, un sirviente atrás de ellos les recordaba todo el tiempo “eres mortal, eres mortal”. La intención era que el general no entrara en delirios de grandeza y quisiera convertirse en emperador o en hombre adorado, semidios. Siempre he pensado que, seguramente, el destino de esos sirvientes fue ser decapitados o lapidados al día siguiente de tratar de “echarle a perder la fiesta” al jefe. Pero es una anécdota que alerta sobre los peligros que rodean al encumbrado, uno de ellos, su desmesura.

Comento lo anterior por el artículo del señor John Ackerman que es de los principales asesores de Andrés Manuel López Obrador. Este orate (Ackerman, no AMLO) ha comparado en un artículo en La Jornada al Peje con Gandhi y con Emiliano Zapata. Hace toda una apología de lo que es la campaña electoral del tabasqueño y la califica como “movilización popular en favor de la transformación de la patria y la liberación del pueblo mexicano de la dominación neocolonial”. Si piensan eso, ven otras cosas donde los demás vemos una campaña de proselitismo. No tiene sentido continuar con las babosadas escritas por Ackerman (ya Federico Arreola –otro fanático del Peje– lo calificó en una columna como un “pobre pendejo”. Creo que Ackerman es pendejo, pero no pobre; ha esquilmado durante años fundaciones internacionales).

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Lo que sorprende y preocupa es que la gente de AMLO ya esté en esos niveles. De por sí el tipo no parece tener problemas de autoestima. Hace años se comparó con Jesús y se irritó de sobremanera porque los medios le daban mayor cobertura a la convalecencia del papa Juan Pablo II que a su campaña. Así se las gasta, por lo que no necesita mucho para que lo empujen a los delirios de grandeza. Normalmente quien se siente salvador del pueblo abriga ese tipo de pensamientos y comparaciones. Ven en su proyecto luces de salvación, llamados divinos, se sienten redentores, creen que su palabra se convierte en acción y su mente es fiel reflejo de las que por miles de años han caracterizado a los fanáticos religiosos.

Si ya sus más fieles creen que son seguidores de Andrés Manuel López Gandhi, esa campaña va ser un manicomio en la que el más cuerdo se sentirá Napoleón.

@JuanIZavala