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La renuncia al liderazgo

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El presidente Peña ha renunciado a tomar el liderazgo. Sus dudas, su temor estructural al conflicto y, hoy queda más claro que nunca su asesor principal, lo han colocado en un rincón del que no puede salir.

Por primera vez en su gobierno algo podía salir bien con tan sólo tener un poco de sentido común y algo de arrojo. No hay manera, todo lo tiran por la borda, todo lo enredan para quedar mal con todos. Es claro que nadie culpa a Peña de los dislates y amenazas del gorila estadounidense. Pero todos tenemos el derecho de esperar de nuestros gobernantes una respuesta satisfactoria frente a la amenaza nacional.

Lo que sucede con Trump –permítaseme la exageración– es lo más parecido a una declaración de guerra –de hecho es una guerra comercial. No podemos negar que el contrincante es más grande y más fuerte que nosotros; tampoco que aquí hay temor por lo que pueda suceder. Como puso alguien en un tuit, Trump es Masiosare, el extraño enemigo. Por lo mismo, nadie le pedía a Peña que fuera del tamaño del atacante ni que acabara con él; simplemente se le pidió que tomara el mando y definiera una respuesta inteligente ante las agresiones. El apoyo sería incondicional, pues la intimidación del gobierno norteamericano no es poca cosa, pero el presidente no quiso tomar el volante del coche que sus gobernados le pidieron que condujera.

Es cierto que este gobierno ha enfrentado estos días un problema muy complejo. Por lo pronto, somos el único país en el mundo que tiene este dilema con la mayor potencia del orbe. No es sencillo. Es posible que cualquier decisión que tomara el presidente, asistir o no a la reunión, tuviera altísimo costo. Pero de ahí a no hacer nada, la distancia es enorme. Cuando todos esperábamos su definición –la que fuera– salió a decirnos que iba a ver qué decidía junto con el Senado y la Conago. Quedó mal con todos, con los que decían que había que ir y con los que decía que no. Una oportunidad perdida que pocas veces se le presenta a un gobernante.

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Lo peor es que Trump llenó el vacío que dejó Peña. Si no vas pagar, ni vengas, le dijo en un tuit, y sólo así procedieron a cancelar. Ofensa tras ofensa. Desde el principio de este gigantesco despropósito, cuando invitaron a Trump como candidato, se les advirtió que el tipo era un desquiciado. No hicieron caso. Videgaray renunció y volvió feliz con el triunfo de Trump, pues él es amigo del yerno y eso, pensaban que era garantía de bondades ilimitadas. Nada, Trump trata a este gobierno con toda su arrogancia y patanería.

Perdieron la gran oportunidad, Peña perdió el liderazgo –el poco que le quedaba– y también el respeto. Cabe recordar aquí a Barbara Tuchman en su libro La marcha de la locura: "La desgracia de un gobernante no es gran cosa en la historia universal, pero la desgracia de un gobierno es traumática, pues el gobierno no puede funcionar sin respeto". En eso estamos.

@JuanIZavala